miércoles, 24 de enero de 2018

Juan Pablo Villalobos- No voy a pedirle a nadie que me crea. Una crítica

Reconozco que lo que me acabó de convencer para elegir No voy a pedirle a nadie que me crea fue la bonita ilustración de la portada, mostrando a varios personajes que corren sobre un mapa de l’Eixample barcelonés. Las buenas críticas que había leído destacando su tono humorístico y el hecho de ser ganadora del Premio Herralde ayudaron a la elección a pesar de no haber leído nada anteriormente del autor, el mexicano Juan Pablo Villalobos.

El libro se inicia cuando Juan Pablo junto con su novia, Valentina, están a punto de partir de México debido a que ha ganado una beca para realizar un Doctorado en Teoría Literaria y Literatura Comparada en Barcelona. Entonces le llama su primo, un liante de consideración apodado el Proyectos al que hace tiempo que no ve, proponiéndole presentarle a sus socios. Juan Pablo, tímido, apocado y conformista acude a la molesta cita. Allí le coaccionan para que acepte participar durante su estancia en Barcelona en el plan de una organización mafiosa para llevar a cabo un negocio de altísimos beneficios.

Una vez en la ciudad catalana, empieza a llevar una doble vida entre las clases y las acciones derivadas de las órdenes que ha de cumplir, entrando en una espiral enloquecida que convierten a Juan Pablo en una persona muy diferente de la que era hace bien poco. Tanta presión y ansiedad acumulada provocan que se termine cortocircuitando y esté dispuesto a realizar cualquier cosa con tal de escapar de la trampa en que se halla, incluso revelarse contra la organización.

Esta pequeña sinopsis desvela bien poca cosa del argumento ya que en este caso es más destacable el camino que el final del trayecto. Por un lado, la narración utiliza un tono ligero y humorístico, que invita más a la sonrisa que a la carcajada, provocando una lectura agradecida en muchos momentos, especialmente al describir las tribulaciones del primo Proyectos. Por otro, da voz a muchos personajes y con formas diferentes; el cuerpo principal de la narración en primera persona por parte del desdichado Juan Pablo, Valentina en forma de diario de sus alucinadas desventuras, la madre histérica, excesiva y cargante mediante disparatadados correos electrónicos y el buscavidas de su primo mediante cartas transoceánicas. Tanto el tratamiento banal como las variaciones de estilo son los aspectos más destacables de la novela.

En cambio, como puntos negativos hemos de destacar una trama poco creíble y además se desarrolla de forma confusa. Al desconcierto ayuda que por sus páginas transiten personajes secundarios poco desarrollados y con comportamientos erráticos lo que provoca, por momentos, una sensación de batiburrillo. El final de la historia es tan abrupto como coherente, aunque queda la sensación de que el autor ha liado tanto la madeja que lo resuelve de un plumazo por la vía rápida.

No me ha convencido No voy a pedirle a nadie que me crea. A pesar de que tiene un inicio prometedor y puntos de humor ingenioso, con el transcurrir de las páginas un halo de confusión se apodera de la misma lastrando significativamente su lectura. 


Juan Pablo Villalobos en la Wikipedia
Juan Pablo Villalobos


Recomendación: 
Reincidir en la obra del autor, ese punto humorístico es muy interesante.
Durante la redacción de esta reseña escuché el reconciliador The Tourist de Clap your hands say yeah, el sorprendentemente magnífico La Luz de Señores y el fantástico Don't ask don't tell de Come.