Irvine Welsh es uno de mis escritores favoritos desde hace años,
especialmente cuando sitúa sus novelas en su icónica Leith. Compro cada nuevo libro suyo publicado sin ningún atisbo de duda. Por eso, cuando vi El artista de la cuchilla en el estante
central de la magnífica librería La Irreductible me lo llevé a casa al
instante.
Frank Begbie, el
psicópata de la banda de rateros y drogatas que protagonizaban Trainspotting, se ha reformado. Y lo ha hecho a lo
grande. Vive en California, se ha casado con la arteterapeuta de la prisión
donde cumplió condena y tiene 2 hijas pequeñas. Además, ha conseguido prestigio
mundial como escultor, bajo el nombre de Jim Francis, gracias a sus cuadros
y bustos mutilados de estrellas y personajes famosos. Leith queda totalmente atrás.
Un buen día recibe una llamada
de su hermana desde Edimburgo informándole que su hijo Sean ha fallecido
asesinado. A pesar de no haber tenido nunca prácticamente ninguna relación con él,
Begbie vuelve a casa. Una vez en Escocia y ante la falta de indicios de
la policía, el protagonista decide investigar el caso por su cuenta sumergiéndose
para ello en unos bajos fondos que no tienen nada que ver con los que él
conoció. Toda una prueba de fuego para Frank. Conseguirá mantener impune
su nueva estabilidad vital o volverá a hundirse en las ponzoñosas aguas de su
pasado?.
Esta vendría a ser la sinopsis
de El artista de la cuchilla y si alguien espera
ver pulular por sus páginas al resto de personajes de la pandilla de Trainspotting, lamento decepcionarle ya que tan
solo hay alguna referencia de soslayo a Renton y el más conocido de su
ecosistema es Juice Terry, el taxista
pornógrafo, protagonista de Un polvo en
condiciones.
La novela tiene un planteamiento
ciertamente bipolar: la situación casi onírica de Begbie en USA contrasta
con el charco gris que es Edimburgo y su falta de oportunidades para una juventud
que parece abocada a la delincuencia. El artista Jim Francis parece muy diferente
a Frank Begbie, a quien su fama le precede, tanto que incluso cambia el
nombre para dejarla un poco atrás. El carácter violento de su pasado ha mutado; ha desaparecido su impulsiva
respuesta descerebrada en aras de un férreo control de sus impulsos. No es
cobardía, sino que es táctica; ha aprendido a esperar, a tener calma y
tranquilidad sin perder los estribos. Ha logrado tomar el control y eso le hace
implacable y sus enemigos ni lo saben ni se lo imaginan.
Otros aspectos que muestra la
narración es la fuerza del pasado cuando vuelve, enfatizado por el viaje oceánico
que realiza Begbie, convirtiéndose prácticamente en una separación entre
dos mundos diferentes tanto en tiempo como en espacio. Y no quiero dejar la
oportunidad de destacar la ácida visión del autor hacia el arte moderno (y que,
por cierto, me hizo reír mucho por afinidad).
El artista de la
cuchilla repite las constantes habituales de Irvine Welsh:
fuerza narrativa desbordante que provoca una lectura ágil y muy adictiva, personajes
potentes y muy bien desarrollados y escasos o ningún escrúpulo a la hora de describir
las descarnadas escenas de miseria, sexo y violencia, así como un latente tono
desesperanzado que planea siempre sobre los integrantes del ecosistema que
conforman sus personajes por su falta de expectativas. Y sí, de acuerdo, el
cambio de Jim Francis es tan radical como utópico, pero es fácil olvidar
este detalle por el cariño que se le coge al personaje. Cariño hacia Franco
Begbie? Sí, lo he dicho y es cierto, lo reconozco. Por todo lo mencionado, las 260 páginas de la novela se consumen con suma facilidad.
El artista de la
cuchilla nos sumerge en la Leith de Irvine Welsh
que tan bien conocemos de libros anteriores a pesar de los años que han pasado.
Seguro que no es su mejor novela, pero proporciona una lectura adictiva y muy
satisfactoria, con las reconocibles constantes habituales en su obra y eso siempre
es una buena, una enorme noticia. De hecho, es exactamente lo que le pedimos.
Como siempre en las novelas de Irvine Welsh cabe destacar el trabajo de los traductores, en este caso Francisco González, Arturo Peral y Laura Salas Rodríguez, ya que escribe en dialecto nativo escocés y en inglés fonético, además de un extenso uso de slang.
Otras Reseñas de
Irvine Welsh:
SKAGBOYS
CRIMEN
Irvine Welsh en la Wikipedia
Irvine Welsh
Recomendación:
Del
mismo autor; Acid House, Trainspotting, Skagboys, Porno y Cola. Creo que
he mencionado que me encanta Irvine Welsh.
Escribiendo esta reseña escuché el grandioso Bug de los referenciales
Dinosaur Jr, el fabuloso Manual de Montaña Rusa de los imprescindibles Airbag y
Siento Muerte, el espléndido último disco de una banda sencillamente maravillosa:
Mujeres.