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martes, 1 de mayo de 2018

LEILA SLIMANI - CANCIÓN DULCE. Una crítica.

Ya he comentado anteriormente en estas páginas virtuales que el Premio Goncourt es uno de mis referentes, puesto que salvo algún esporádico tropiezo este galardón es garantía de historias de interés. No hace demasiado y en una demostración de buen gusto, me regalaron Canción Dulce, escrito por Leila Slimani, segunda novela de la autora y vencedora de la edición de 2016 del citado premio.

Paul y Myriam son dos parisinos de clase media que recientemente han tenido a su segundo hijo, poco después de su primogénita. La madre está en un estado de insatisfacción constante y al borde de la depresión al haber encerrado su mundo entre las cuatro paredes de su casa, desbordada por el cuidado de sus hijos. Para salir de ello decide volver a su trabajo de abogada iniciando un cuidadoso proceso de selección de la niñera que cuidará de ellos. Tras varias entrevistas, encuentran a la persona perfecta Louise, una mujer pulcra y menuda, con experiencia y buenas referencias por lo que la contratan inmediatamente.

Louise no solo se gana fácilmente a los niños sino que además, y sin pedir dinero de más, realiza tareas de asistenta e incluso cocina maravillosamente. Gracias a ella, todo está en orden y en su sitio adecuado. Los padres están encantados, por lo que empiezan a alargar sus horarios convirtiendo a Louise, cada vez más, en un miembro indispensable de la familia con un creciente ascendiente sobre sus hijos. A pesar de que empiezan a detectar en ella fijaciones y obsesiones preocupantes, la comodidad que les aporta es superior a la inquietud, hasta que poco a poco el equilibrio empieza a resquebrajarse.

Esta sinopsis estaría muy lograda sino fuese porque desde la primera página sabemos que los niños mueren. No, no es un spoiler, la escritora nos lo indica sin tapujos al inicio de la novela. Si ya lo sabemos, entonces dónde radica el interés?. Claramente, en el andamiaje que va construyendo la autora para narrar la deriva de la niñera. Parte de un punto de partida optimista, con los padres encantados de la situación, y con el transcurrir de las páginas logra sembrar la semilla de la inquietud y la congoja en el lector. Mediante capítulos cortos que describen situaciones cotidianas, Louise muestra un carácter cada vez más obsesivo que no presagia nada bueno. La renuncia total a una vida propia fuera de su jornada laboral provoca que su enfermiza fijación en ser indispensable se incremente hasta límites insoportables. Leila Slimani demuestra un gran dominio de la tensión narrativa que solo decae en algunos momentos, por la normalidad de las situaciones descritas, pero la presencia de capítulos puntuales alumbrando el pasado de Louise la incrementan al ayudar a comprender las raíces de su desequilibrio. El uso de un lenguaje seco y directo, desprovisto de ornamentos contribuyen a incrementar la sensación de aprensión durante la lectura.

Canción Dulce plantea cuestiones destacables; la principal radica en que muchos padres hoy en día, debido al asfixiante ritmo de vida y los exigentes horarios laborales, se ven obligados a dejar el cuidado y educación de sus hijos en manos de un/a desconocido/a tras una breve entrevista y unas escuetas referencias. Otra significativa reflexión surge del hecho de que en muchos de estos casos, la niñera es una persona inmigrante y de otra raza, con el contrasentido de que no les abrirían la puerta para integrarles en su círculo de amigos pero sí para entregarles a sus hijos pequeños. Para terminar, también quiero reflejar que aunque los padres vean algunos signos de tener el “monstruo en casa” no lo reconocen ni actúan por las ventajas que suscita su presencia a nivel de orden familiar y lo complicado de renunciar a ello.

Canción Dulce es un libro muy interesante. A pesar de que se lea con facilidad plantea preguntas de difícil respuesta y provoca una reflexión entorno al cuidado y educación de nuestros hijos. Leila Slimani se revela como una hábil narradora que sabe provocar congoja y malestar en el lector al tocar unos temas tan delicados.

Leila Slimani en la Wikipedia
Leila Slimani

Recomendación: 
Desde luego no ver durante un tiempo la película La mano que mece la cuna, salvo que no se quiera recurrir a terceros para cuidar críos hasta el fin de la eternidad.
Durante la redacción de esta reseña escuché a los fabulosos TRAU en su debut sixtie de aires beatlemanianos Déu vos guard, por ahí cerca también anda el estupendo Foxhole de The Proper Ornaments. Además de dos discos de estilos parecidos pero completamente opuestos: el atractivo  shoegaze luminoso de Nothing en Tired of Tomorrow y el tesoro llamado Records de Kyoto de Últim Cavall, con su belleza recóndita escondida tras capas de sonido.


THE SMITHS - THE HAND THAT ROCKS THE CRADLE 

martes, 27 de marzo de 2018

JOHN WILLIAMS - STONER. Una crítica.


Creo que no descubro nada si digo que la gran ventaja de las ediciones de bolsillo es su reducido precio. Esta asombrosa demostración de inteligencia tan solo es pretexto para resaltar que por unos escasos 7-8 euros, uno puede aventurarse a adquirir títulos desconocidos que le llamen la atención por motivos peregrinos. En una de las visitas a mi librería preferida y después de coger los que quería me llevé de relleno y casi a ciegas, Stoner de John Williams.

Lo cierto es que deposité el libro en una estantería y allí, con su bonita portada -en la edición de La Butxaca-, ha estado reposando impertérrito durante algo más de dos años hasta que el otro día, en el mágico momento de elegir la próxima lectura y bajo el elaboradísimo criterio de no querer un tocho, fue el elegido.

El libro no es ni más ni menos que la narración de la vida de William Stoner, nacido en 1891 en un pueblecito agrícola de Missouri (para situarnos uno de los estados centrales USA), hijo único de un matrimonio de humildes campesinos y con un destino claramente ligado a la tierra y a ayudar a sus padres. El chico dio muestras de inteligencia en sus estudios y las autoridades propusieron a sus padres que fuese a cursar estudios en la nueva Facultad de Agricultura situada en la cercana Universidad de Columbia. Para William aquello representa una nueva vida ya que debe dejar la granja familiar y trasladarse a la gran ciudad cuando nunca antes había salido de su pequeño pueblo. Allí estudia con la intención de aprender nuevas ideas para aplicarlas a la explotación familiar pero en el segundo curso, y como en una epifanía, se da cuenta de que lo suyo son las letras cambiando sus estudios. Cuando al terminar la carrera, le ofrecen una plaza de profesor ayudante en la Universidad, no se lo piensa dos veces y acepta dejando atrás su marcado futuro como campesino.

William, siempre metódico y esforzado, se vuelca en la enseñanza y en los libros. Desde los pasillos de la Universidad ve transcurrir la vida, su vida, con un cierto distanciamiento; desde acontecimientos históricos tan importantes como las Guerras Mundiales hasta situaciones tan íntimas como su propio matrimonio. Se deja llevar por la corriente de los días sin hacer demasiado por prosperar, sin aspavientos ni salidas de tono. La vida es para Stoner un trayecto en tren que pasa secuencialmente por diferentes estaciones.

John Williams se revela como un narrador inmenso. Utiliza un tono crepuscular totalmente acorde con el carácter del protagonista; estoico y resignado- totalmente alejado del perfil tan sobado de héroe- que no duda en reprimir sus pasiones y se mantiene obstinadamente fiel a sus principios aunque le lleven a decisiones equivocadas. Con este material consigue hilar una narración fluida y poderosa, de fuerza torrencial,  empleando un lenguaje preciso y ajustado, sin florituras, y con una enorme capacidad de emocionar sin caer, en ningún momento, en un sentimentalismo que no casaría con el tono de la novela. Brilla especialmente al convertir en especial cualquier detalle cotidiano y, sobre todo, consigue que el lector quiera desesperadamente al pasmado de Stoner, incluso o puede que por su falta de tino, y que desee permanentemente que en la página siguiente de las trescientas treinta y dos que tiene la historia, su suerte cambie de una vez por todas. Stoner tiene esa extraña cualidad de gustar, incluso fascinar, sin saber definir demasiado bien por qué, generando una adicción irresistible.

Bajo un falso envoltorio de historia sencilla, John Williams nos regala en Stoner una narración  maravillosa, reflejando magistralmente la vulgar cotidianeidad de un hombre, tan gris y mediocre como especial y único, casi como cualquiera de nosotros. Sin ninguna duda, un libro fascinante, un tesoro.


John Williams en la Wikipedia
John Williams

Recomendación: 
Evidentemente esta novela y encontrar el resto de novelas del autor.
Durante la redacción de esta reseña escuché el novísimo y magnífico El Gatopardo de los maravillosos Triángulo de Amor Bizarro, el bellísimo Vuelve a Empezar de los reaparecidos Tom Boyle así como el convincente Records de Kyoto de los brumosos Últim Cavall.