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martes, 6 de febrero de 2018

La Bien Querida- Fuego. Una crítica.



Hace unos años Ana Fernández- Villaverde, La Bien Querida, unió su camino profesional a David Rodríguez (Beef, La Estrella de David), encargándose éste desde entonces de la producción y arreglos de sus canciones, pariendo dos discos tan fantásticos como Ceremonia y Premeditación, Nocturnidad y Alevosía. En el primero de ellos adopta ritmos kraut y neworderianos, apuesta que refuerza en su continuación dotándole de mayor contundencia, mutando y revolucionando respecto a lo que había hecho hasta entonces.

Esta apuesta por un sonido mucho más rico y lleno de texturas les ha colocado en un lugar privilegiado, pero a la vez plantea una difícil tesitura; y ahora qué? Cuál será el siguiente paso?. Y la clave la encontramos en la portada de su nuevo disco Fuego; Ana Fernández se reúne de los elementos que han configurado su universo particular desde el inicio hasta la actual La Bien Querida, para luego mezclarlos plasmándolas en once nuevas canciones.

Fuego empieza sobresaliente con Dinamita y sus magníficos arreglos orquestales destacando las cuerdas para enmarcar una letra de amor obsesivo. Sigue la espléndida y sorprendente 7 Días Juntos, una hipnótica mezcla de cumbia y dub que cuenta con la colaboración de Joan Miquel Oliver con un arrebatador rap castellanizando su genial Dins d’un avió de paper para dar como resultado una canción maravillosa. Continúa con la delicadeza de Lo Veo Posible que cuenta, de nuevo, con unas bellas cuerdas que la vehiculan desembocando en un contundente y autoafirmador estribillo. En Permanentemente recuperan a Depeche Mode (época Speak&Spell) de teclados saltarines para su I just can’t get enough particular y con Luciana de Svper haciendo coros. La primera mitad acaba con Peor que los Demás, en la que sobrevuelan los New Order de Power, Corruption & Lies o Brotherhood, dándole coartada a Ana para cantar de forma fría y distante.
 
La segunda parte se inicia con Recompensarte, una rumba en la que cuenta con la colaboración de J de los Planetas a la voz, Alejandro Martínez de Alexanderplatz a la guitarra y Muchachito Bombo Inferno a las palmas para un tema de lujo más efectista que efectivo, que empieza por todo lo alto aunque tanto palmeo y reiteración lo desmorone ligeramente. Tras ella, Si me quieres a mí empieza calmada pero la petarda base electrónica la convierte en un hit del Franco Battiato más rave y desbocado. Después de estas dos festivas pistas llega una de las cumbres del disco -La Pieza Que Me Falta-, con la colaboración de La Estrella de David, en la que David Rodríguez da la réplica a la vocalista en un tema que cuenta con fantásticos arreglos dub y unas cuerdas esplendorosas para describir un amor tan entregado como amenazador. La Bien Querida de Romancero se reconoce en el inicio de El Lado Bueno hasta que una base explosiva eleva y acelera la canción mutándola totalmente. La guitarra acústica es la guía de Fuerza Mayor en un tema íntimo y delicado que es el momento más relajado y sutil del disco, que se cierra con la canción más larga del mismo, Los Jardines de Marzo, de letra optimista y ritmo cadencioso marcado por el teclado. 

Las letras siguen orbitando en torno a amores obsesivos, dependientes y un tanto enfermizos aunque, como afirma Ana Fernández en las entrevistas promocionales, han abierto una puerta a la esperanza y a mostrar el lado positivo de la vida. En Jardines de Mayo se observa claramente y es significativo que cuando más claro se manifieste sea en su conclusión para dejar una impresión más alegre entre unos textos anteriores bastante más sombríos, por mucho que diga su autora.  

Como hemos mencionado anteriormente, en Fuego encontramos sabiamente mezclados todos los elementos que han formado parte de la evolución de La Bien Querida: cantautora de voz aniñada y guitarra acústica (la sombra de Jeanette sigue apareciendo por momentos), un poco de rumba, elegantes arreglos orquestales, ritmos buscados en la generación post-punk que se abría a la electrónica (Depeche Mode- The Cure- New Order), intensos arrebatos kraut e incluso algún picotazo en bases, por momentos, casi industriales. La última parte por cortesía de un David Rodríguez en permanente estado de gracia que sigue demostrando que es un auténtico genio a la hora de encontrar el arreglo preciso y ajustado que singulariza cada canción. Es digna de mención la extensa nómina de colaboradores – casi como una película de Woody Allen-; Joan Miquel Oliver, Alejandro Fernández, J, Muchachito, “La Estrella de David”, Luciana della Villa de Svper , Laura Antolín de Doble Platina luciéndose con su bajo en 4 temas y alguna otra más. Tanta variedad provoca una cierta desigualdad que se acusa especialmente en las canciones más desnudas que palidecen ante los magníficos arreglos orquestales y contundentes bases electrónicas de la mayoría, provocando que Fuego quede ligeramente por debajo de sus dos impresionantes trabajos anteriores a pesar con temas enormes como 7 Días Juntos, Dinamita, Lo Veo Posible o La Pieza Que Me Falta.

Fuego es un nuevo aldabonazo en la carrera de La Bien Querida y junto con Ceremonia y Premeditación, Nocturnidad y Alevosía conforma una trilogía del todo imprescindible y una demostración continua de buen gusto para crear canciones disfrutables. Todo ello con personalidad propia e inconfundible aprovechando las referencias que manejan.

7 DÍAS JUNTOS

RECOMPENSARTE

DINAMITA

FUEGO EN SPOTI


OTROS DISCOS DE LA BIEN QUERIDA
CEREMONIA 
PREMEDITACIÓN, NOCTURNIDAD Y ALEVOSÍA 



martes, 27 de junio de 2017

Joan Miquel Oliver- Atlantis. Una crítica.


Durante el pasado mes de abril, Joan Miquel Oliver presentó su cuarto disco; Atlantis, segundo desde la disolución de Antònia Font, el mejor grupo pop en catalán. En las entrevistas promocionales el músico explica que es el disco central de una trilogía, tras Pegasus –dedicado al aire-, versando sobre el agua y los mundos marinos (a saber qué temática tendrá el tercero), aunque siendo sinceros, nunca ha dejado de reincidir en sus temáticas habituales: el mar y el océano, el cielo y el espacio y, especialmente, las pequeñas historias de las personas, que él convierte en cuentos singulares en forma de canción.

En el nuevo trabajo, Joan Miquel Oliver, ha realizado todo el trabajo exceptuando tan solo la aportación a la batería de Toni Toledo. Un poco como contraposición al anterior Pegasus -de ritmo lánguido, relajado y con demasiado folk de bajo octanaje- se enchufa a la corriente y nos entrega un disco variado, de amplio espectro y plagado de imaginativos arreglos que esconden un mensaje de protesta, al poner de manifiesto la degradación de los espacios naturales ante la incontrolada y constante presencia del turismo masificado y sus devastadoras consecuencias en el entorno y la población de, en su caso, las Islas Baleares.


El disco se abre con la delicada y naïf Nins a tobogans para dar paso a un bloque de tres canciones mayúsculas en que la presencia de los sintetizadores y los arreglos electrónicos son las grandes protagonistas. Oliver es un tipo espabilado y descubrió, hace años ya, en canciones como la festiva y contagiosa Hansel y Gretel, lo bien que se adaptan las bases y arreglos electrónicos a su, no especialmente dotada, voz y forma de cantar. Es meus reggaetons como dice él mismo. 
Este bloque está formado por las verbeneras y efervescentes Agricultors Ingràvids, Incident a sa pista Dos y Atlantis, sobre las que planean referencias al techno hortera ochentero alemán de Modern Talking, Nina o Sandra, ecos del Ritmo de la Noche pasando por los irreverentes Devo. Después de ellas viene la maravillosa Rumba del Temps, una deliciosa rumba posmoderna -reconstruida que dice el autor- de ritmo juguetón y letra tan visual como delirante. Una de las mejores y más efectivas canciones que haya hecho nunca que pone colofón a una excelente y festiva primera mitad.


A partir de entonces, rebusca en su extenso catálogo de recursos para evitar caer en un exceso fácil que impediría tomárnoslo en serio y vira inteligentemente la dirección del disco.  Relaja el tono en la intimista Cançó de Contacte que se ve enriquecida por unas cuerdas tan protagonistas como acertadas. Posidònia esconde bajo un envoltorio de pop amable el ejemplo más claro de hartazgo ante la invasión turística antes mencionada. Sube el volumen desempolvando la guitarra eléctrica para ofrecer dos afilados temas rockeros como son La mar treu sabates y Torneig amistós, convenciendo plenamente en la primera que se convierte en uno de los puntos álgidos del disco. Entre ambas, Ses Personas, en que  recupera el trip hop gélido massiveattackero –que enlaza con la sublime Polo de Llimona de Bombó Mallorquí-, en una melancólica canción sobre el paso del tiempo. Los dos últimos surcos: Disseny de producte y Ses coses, son plácidos e hipnóticos y conducen el disco a un tranquilo final aunque pecan de una cierta reiteración.



Joan Miquel Oliver tiene un talento innato para el pop y en Atlantis vuelve a demostrarlo en otro brillante ejercicio de estilo. El mallorquín sigue a su aire haciendo lo que le viene en gana -reforzando ese hilo conductor que le une a Jaume Sisa y a Quimi Portet para conformar el referencial triunvirato galáctico del pop-rock catalán- para seguir ofreciendo delicados y, a la vez, potentes artefactos pop llenos de magia mundana como este destacable y meritorio Atlantis, que se sitúa a la estela del magnífico Bombó Mallorquí.


Joan Miquel Oliver es un superclase, así de fácil. Pero como es por aquí cerca, de Sóller concretamente, y tiene pinta de tipo normal, no lo sabemos apreciar. Si en lugar de ser mallorquín fuese de Seattle, Bristol, Hoboken, o Manchester se le reivindicaría como lo que es, un músico genial. 

RUMBA DEL TEMPS 

INCIDENT A SA PISTA DOS

LA MAR TREU SABATES


ATLANTIS EN Spoti


miércoles, 24 de mayo de 2017

Edward Bunker- Little Boy Blue. Una crítica.






En la última excursión a la Biblioteca Pública, al curiosear entre sus estantes, me sorprendí gratamente el encontrar en la letra B un libro de Edward Bunker. Después de haber disfrutado anteriormente con No Hay BestiaTan Feroz,  uno se confiesa convencido admirador del escritor de Los Ángeles con lo que tuve muy claro que me llevaría a casa Little Boy Blue, el título que tuve la fortuna de hallar y que según el propio autor, es su mejor obra. En este caso, con traducción de Zulema Couso. 

Al inicio del libro, conocemos a Alex Hammond, un chico de once años dotado de una gran inteligencia acompañada de un explosivo carácter con violentos accesos de rabia que por momentos llegan a hacer pensar en conatos de locura. Tras el divorcio de sus padres, la imposibilidad del progenitor de cuidarle a tiempo completo provoca que Alex tenga que ir a varias instituciones estatales de acogida de las que se escapa con regularidad y donde empieza a desarrollar un marcado desprecio hacia la autoridad.

Una noche, después de haberse fugado con otro chico del último centro en el que estaban, deciden entrar a robar en una tienda cerrada. Cuando todo parecía ir bien e iban a escapar con su botín, los propietarios del negocio les descubren y presa del pánico, Alex dispara un revólver que encuentra en un cajón, hiriendo a uno de ellos.

En ese crucial momento, Alex deja de ser un pobre chico con mala suerte para pasar a ser un proyecto de delincuente. En ese momento, Alex cambia las escuelas y hogares de acogida por instituciones represoras. En ese momento, Alex todavía no lo sabe pero ha emprendido un sinuoso camino que no le llevará a ningún sitio.

A partir de entonces la novela sigue al chico en su peregrinaje por instituciones militares, pabellones psiquiátricos, centros de menores, correccionales y reformatorios varios, de los que termina, invariablemente, escapando gracias a su inteligencia y a su innato sentido de la supervivencia. En todos ellos, Alex es de los muchachos más jóvenes cuando ingresa, por lo que responde con inusitada violencia para hacerse respetar y ganarse fama de duro y a pesar de su autoaislamiento, se granjea una serie de amistades de los que aprende trucos y mecanismos de delincuentes que luego aplica cuando está en la calle. Con el transcurrir de las páginas asistimos indefectiblemente a la pérdida de la inocencia del chico, actuando al inicio movido por el miedo y la desesperación hasta que al final del libro, con 17 años, ya se ha convertido en un auténtico delincuente.

La acción se sitúa en los últimos años de la II Guerra Mundial y como ya ocurría en No hay bestia tan feroz, Edward Bunker relata de manera realista y con trazo vigoroso un mundo que conoció bien en primera persona, reflejado perfectamente en el detalle de las normas de funcionamiento de los centros de reclusión para jóvenes, con el progresivo endurecimiento de las normas de comportamiento en función de su grado. A la vez que aumentan la dureza de los mismos, contemplamos la progresiva degradación moral de Alex, orientando su privilegiada mente hacia el delito. En los paréntesis en que el chico está fuera, se describen con precisión los bajos fondos de Los Ángeles y los esfuerzos de un chico tan joven para “buscarse la vida” y conseguir ir tirando adelante día a día, sin horizonte ni esperanza sabiendo que tarde o temprano le terminarán capturando.

Tras estos aspectos más evidentes Bunker critica la total incapacidad e inoperancia de los distintos centros represores para dar una alternativa a la delincuencia a los muchachos ingresados en ellos, más bien todo lo contrario, convirtiéndose en escuelas del delito donde solo se respeta la violencia. El racismo también está muy presente en las páginas de la novela, mostrando el desprecio entre razas incluso en centros de reclusión. La presencia de las drogas y los devastadores efectos de las adicciones aparecen de soslayo, casi sin querer tomar protagonismo pero siendo muy importantes como motivadores de las acciones de los pequeños delincuentes dispuestos a cualquier delito con el fin de poder conseguir una nueva dosis.

Little Boy Blue es otra jugosa y desencantada historia de perdedores marca de la casa de Edward Bunker, en este caso con un mayor poso de tristeza debido a la edad del protagonista. La coherencia y verosimilitud de la historia provoca que capte totalmente la atención del lector que asiste impactado al desarrollo de la narración. Volvemos a reivindicar al obra del escritor y desde aquí elogiamos y agradecemos la tarea emprendida por Sajalín Editores para ofrecernos la obra de Edward Bunker, que nos ha permitido disfrutar de un escritor francamente interesante con unas historias tan visuales como realistas y entretenidas.


Edward Bunker en la Wikipedia
Edward Bunker

Recomendación: 
Edward Bunker, James Ellroy.

Durante la escritura de esta reseña escuché el sorprendentemente fresco Diez de Niños Mutantes, el encantador Atlantis del genio Joan Miquel Oliver y el catedralício Harmony de The Wake.

domingo, 15 de enero de 2012

ANTÒNIA FONT- BAMBOO

És quan et vec que tot s'il.lumina i entenc que malgrat els dubtes i les renúncies, ho vaig encertar.


Fumen es pescadors,
blanca es sa platja africana
i un tauronet petit
neda amb sa taurona mare.

Mamà, avui m’he clavat
un fil de coco dins un ull.
Mamà, qui som?,
es papà diu que som es seu tigreton.

Bamboo, ets tu,
aigua de fruites, tiramissú,
bamboo, ets tu ...

Criden es pescadors,
rotja es sa platja africana
i un tauronet petit
sopa amb son pare i sa mare.

Mamà, avui m’he clavat
un fil de coco dins un ull.
Mamà, que no,
es papà diu que som es seu airgam-boy.

Bamboo, ets tu,
canya de sucre, mousse de iogurt.
Bamboo, ets tu ...

Bamboo, ets tu,
aigua de fruites, tiramissú,
bamboo, ets tu ...

Bamboo, ets tu,
canya de sucre, mousse de iogurt.
Bamboo, ets tu ...