Mostrando entradas con la etiqueta Quentin Tarantino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Quentin Tarantino. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de julio de 2021

BEN ELTON - POPCORN. Una crítica.

 

Un domingo de estos tontos en que el vermut se alarga y acabamos yendo a comer a casa de un amigo, Alfred para más señas, le volví a dar un repaso a su estupenda colección de libros y le cogí prestado Pop Corn de Ben Elton. Por cierto, desconfiad de quien va a una casa y no se fija en los libros ni pregunta nada sobre ellos.

Bruce Delamitri es el cineasta del momento. Su película Americanos Corrientes ha tenido un gran éxito y también ha provocado una enorme controversia debido a su ingente violencia y a la cantidad de asesinatos más o menos gratuitos que contiene. Hoy es el día de la entrega de los premios Oscar y Delamitri es el principal favorito al premio a Mejor Director. Ante ello, los programas de televisión y la prensa escrita llenan espacios y hacen correr ríos de tinta sobre la idoneidad de premiar una película tan extrema.

Estrechando el cerco; Wayne y Scout, una joven pareja de inestables delincuentes, se dirigen a Los Angeles en una enloquecida carrera de asaltos y asesinatos injustificados que les ha granjeado el apodo de “Los Asesinos de los Centros Comerciales”, para conocer a su adorado realizador favorito. Conseguirá Delamitri el premio anhelado y a su vez evitar a sus pirados admiradores?.

PopCorn transcurre durante las 24 horas del día de la entrega de los Oscar, tiempo en el que el protagonista vive el éxtasis celestial del triunfo y también transita por el infierno. Detrás de esta narración situada en el mundo del cine, Ben Elton realiza una cáustica crítica a la falsa moral e hipocresía de la sociedad norteamericana al querer culpar de la violencia cotidiana a las películas (y por extensión también a la música), a las que acusa de que las motivaciones de los actos de los delincuentes son culpa suya. "Crímenes por Imitación" les llaman. Como afirman los jóvenes asesinos en un momento de la novela: Aquí no se castiga a nadie porque nadie tiene la culpa de nada. Entonces, ¿por qué coño tenemos que pagar por lo que hicimos?. En lugar de analizar otras causas como la falta de educación, la escasez de presupuesto para educación o la desemesurada proliferación de armas y la facilidad en conseguirlas. Igual tiene algo que ver que los lobbies de poder no están dispuestos a afrontar este diálogo y puede que también influyan las grandes cantidades de dinero que los fabricantes de armas aportan a la financiación de los partidos políticos en USA. O igual es casualidad.

Aunque el enfoque del escritor pueda parecer trivial e hinchado, no lo es en absoluto. Para contextualizar cabe decir que PopCorn se publicó en 1996. Un tal Quentin Tarantino presentó su opera prima Reservoir Dogs en 1992 y la siguiente Pulp Fiction en 1994. Asesinos Natos de Oliver Stone también se estrenó en 1994 y aunque fueron aclamadas de inmediato (especialmente las de Tarantino) recibieron feroces e iracundas críticas por su violencia. Es fácil relacionar a Bruce Delamitri con el de Knoxville. Por si alguien no conoce el argumento de Asesinos Natos, esta trata de la alocada carrera de 2 jóvenes prófugos por varios estados asesinando gente a su paso de manera aleatoria. Por cierto, para cuadrar el círculo, el guión de Asesinos Natos lo firma Quentin Tarantino. Un apunte más: en 1994 apareció Portrait of an American Family, el disco de debut de Marilyn Manson, al que siguió un par de años después el magnífico Antichrist Superstar, obras ambas masacradas por ciertos sectores de la prensa por los presuntos mensajes perversos de las letras de las canciones. Este contexto fue un perfecto caldo de cultivo para las encendidas proclamas de los exacerbados predicadores adalides de la moral, habitualmente republicanos y, como se ha ido revelando, con bastantes trapos sucios que esconder.

Y ya que cito a la prensa, Ben Elton también dirige sus envenenados misiles hacia los medios de comunicación. Dispuestos a magnificar noticias hasta extremos inauditos con tal de conseguir los índices de audiencia deseados. 25 años después de la publicación del libro, todo esto no solo no ha menguado, sino que el sensacionalismo y el amarillismo imperan en la mayoría de cadenas de televisión. La parte final del libro es un claro reflejo de la intención crítica del escritor.

La lectura de PopCorn es una gozada, además de por el vitriolo que rezuma en sus páginas, la mezcla de estilos que usa el autor ayuda a un mayor dinamismo. Desde la narración clásica, dando voz alterna tanto a Delamitri como a los jóvenes delincuentes, al uso de estructura de guión para algunos diálogos hasta llegar a plantear situaciones como escenas cinematográficas, con los encuadres y decorados más apropiados. Todo ello enriquecido con un tono exagerado y frenético para dar la sensación de que pasan muchas cosas en poco tiempo, a imagen y semejanza de una película.

PopCorn de Ben Elton me ha parecido una lectura deliciosa y muy divertida por su corrosividad que plantea una reflexión ante la hipocresía de la moral de la sociedad americana (y occidental) y el poder de los medios de comunicación. Aspectos que no se han querido afrontar y, por tanto, no han dejado de crecer en las casi tres décadas transcurridas desde la publicación de la novela.


Ben Elton en la Wikipedia 

Ben Elton

Recomendación: 
Leer el resto de obras de Ben Elton.

Mientras escribía esta reseña he disfrutado del excelente tratado pop Father, Son, Holy Ghost de los desaparecidos Girls, del excelente debut de Biznaga; Centro Dramático Social así como de Loveless, la obra capital del shoegaze y de My Bloody Valentine (aunque puede, solo puede, que esté pelín sobrevalorado).

miércoles, 24 de mayo de 2017

Edward Bunker- Little Boy Blue. Una crítica.






En la última excursión a la Biblioteca Pública, al curiosear entre sus estantes, me sorprendí gratamente el encontrar en la letra B un libro de Edward Bunker. Después de haber disfrutado anteriormente con No Hay BestiaTan Feroz,  uno se confiesa convencido admirador del escritor de Los Ángeles con lo que tuve muy claro que me llevaría a casa Little Boy Blue, el título que tuve la fortuna de hallar y que según el propio autor, es su mejor obra. En este caso, con traducción de Zulema Couso. 

Al inicio del libro, conocemos a Alex Hammond, un chico de once años dotado de una gran inteligencia acompañada de un explosivo carácter con violentos accesos de rabia que por momentos llegan a hacer pensar en conatos de locura. Tras el divorcio de sus padres, la imposibilidad del progenitor de cuidarle a tiempo completo provoca que Alex tenga que ir a varias instituciones estatales de acogida de las que se escapa con regularidad y donde empieza a desarrollar un marcado desprecio hacia la autoridad.

Una noche, después de haberse fugado con otro chico del último centro en el que estaban, deciden entrar a robar en una tienda cerrada. Cuando todo parecía ir bien e iban a escapar con su botín, los propietarios del negocio les descubren y presa del pánico, Alex dispara un revólver que encuentra en un cajón, hiriendo a uno de ellos.

En ese crucial momento, Alex deja de ser un pobre chico con mala suerte para pasar a ser un proyecto de delincuente. En ese momento, Alex cambia las escuelas y hogares de acogida por instituciones represoras. En ese momento, Alex todavía no lo sabe pero ha emprendido un sinuoso camino que no le llevará a ningún sitio.

A partir de entonces la novela sigue al chico en su peregrinaje por instituciones militares, pabellones psiquiátricos, centros de menores, correccionales y reformatorios varios, de los que termina, invariablemente, escapando gracias a su inteligencia y a su innato sentido de la supervivencia. En todos ellos, Alex es de los muchachos más jóvenes cuando ingresa, por lo que responde con inusitada violencia para hacerse respetar y ganarse fama de duro y a pesar de su autoaislamiento, se granjea una serie de amistades de los que aprende trucos y mecanismos de delincuentes que luego aplica cuando está en la calle. Con el transcurrir de las páginas asistimos indefectiblemente a la pérdida de la inocencia del chico, actuando al inicio movido por el miedo y la desesperación hasta que al final del libro, con 17 años, ya se ha convertido en un auténtico delincuente.

La acción se sitúa en los últimos años de la II Guerra Mundial y como ya ocurría en No hay bestia tan feroz, Edward Bunker relata de manera realista y con trazo vigoroso un mundo que conoció bien en primera persona, reflejado perfectamente en el detalle de las normas de funcionamiento de los centros de reclusión para jóvenes, con el progresivo endurecimiento de las normas de comportamiento en función de su grado. A la vez que aumentan la dureza de los mismos, contemplamos la progresiva degradación moral de Alex, orientando su privilegiada mente hacia el delito. En los paréntesis en que el chico está fuera, se describen con precisión los bajos fondos de Los Ángeles y los esfuerzos de un chico tan joven para “buscarse la vida” y conseguir ir tirando adelante día a día, sin horizonte ni esperanza sabiendo que tarde o temprano le terminarán capturando.

Tras estos aspectos más evidentes Bunker critica la total incapacidad e inoperancia de los distintos centros represores para dar una alternativa a la delincuencia a los muchachos ingresados en ellos, más bien todo lo contrario, convirtiéndose en escuelas del delito donde solo se respeta la violencia. El racismo también está muy presente en las páginas de la novela, mostrando el desprecio entre razas incluso en centros de reclusión. La presencia de las drogas y los devastadores efectos de las adicciones aparecen de soslayo, casi sin querer tomar protagonismo pero siendo muy importantes como motivadores de las acciones de los pequeños delincuentes dispuestos a cualquier delito con el fin de poder conseguir una nueva dosis.

Little Boy Blue es otra jugosa y desencantada historia de perdedores marca de la casa de Edward Bunker, en este caso con un mayor poso de tristeza debido a la edad del protagonista. La coherencia y verosimilitud de la historia provoca que capte totalmente la atención del lector que asiste impactado al desarrollo de la narración. Volvemos a reivindicar al obra del escritor y desde aquí elogiamos y agradecemos la tarea emprendida por Sajalín Editores para ofrecernos la obra de Edward Bunker, que nos ha permitido disfrutar de un escritor francamente interesante con unas historias tan visuales como realistas y entretenidas.


Edward Bunker en la Wikipedia
Edward Bunker

Recomendación: 
Edward Bunker, James Ellroy.

Durante la escritura de esta reseña escuché el sorprendentemente fresco Diez de Niños Mutantes, el encantador Atlantis del genio Joan Miquel Oliver y el catedralício Harmony de The Wake.

sábado, 2 de enero de 2016

Edward Bunker- No Hay Bestia Tan Feroz


Según la nota de la solapa, Edward Bunker fue un delincuente –principalmente atracador a mano armada y traficante- que pasó varios años de su juventud entrando y saliendo de la cárcel. Consiguió convertirse en escritor basando sus novelas en su propia experiencia,  posteriormente fue guionista de Hollywood e incluso, actor ocasional.


A pesar de tan interesante vida lo cierto es que desconocía totalmente al autor. Menos mal que, con excelente criterio, me regalaron No Hay Bestia Tan Feroz. Solo tener en las manos la cuidada edición de Sajalín Editores, me llamó la atención tanto la bonita portada del libro como que el prefacio lo firmase el gran James Ellroy, además de figurar un elogio de Quentin Tarantino en la banda publicitaria. Todo ello buenos presagios sobre lo que depara la novela.



En No Hay Bestia Tan Feroz, el autor explica la historia de Max Dembo, justo en el momento en que –ya en la treintena- le conceden la condicional y sale de la cárcel tras ocho años de estancia. Max vuelve a su ciudad, Los Ángeles, con la firma intención de dejar de delinquir y reinsertarse en la sociedad pero los escasos sesenta y cinco dólares que posee poca ayuda le ofrecen.



Ante la imposibilidad de encontrar trabajo por la negativa de todo empresario a contratar un exconvicto, por su precariedad económica y, especialmente, por la actitud arrogante y desconfiada del agente de la condicional, Max se halla en una encrucijada y decide volver a lo mejor –y único- que sabe hacer, delinquir, quebrantando la condicional convirtiéndose en un fugitivo y renunciando a vivir dentro de la ley.


A partir de ese momento, Max deja atrás sus recién adquiridos prejuicios y se dedica a planear y ejecutar atracos cada vez de mayor envergadura, reclutando a viejos conocidos para poder llevarlos a cabo. Aunque como muy bien sabe, como mayor es el botín deseado mayor es el riesgo, conociendo que puede llegar a pagar el precio más alto, su propia vida, o en el mejor de los casos pasar una muy larga temporada en la cárcel al haber quebrantado su condena anterior. A pesar de ello, Max se lanza a tumba abierta a su retomada carrera delictiva confiando en su inteligencia y minuciosidad en los preparativos. Pero, ¿será ello suficiente para que no le capturen?.


Está claro que Edward Bunker sabe de qué escribe. El escritor coge al lector de la mano y le hace pasar la última noche en la cárcel al lado del protagonista, las mismas penurias y humillaciones que padece Max mientras intenta ser un hombre de bien, le lleva de visita por los bajos fondos de Los Ángeles para que vea como beben, trafican, pinchan y se relacionan sus integrantes, le hace partícipe de la planificación de los golpes, así como  sufrir la tensión y la angustia del desarrollo de los mismos.


Si a todo esto le sumamos una narración vigorosa, de una verisimilitud casi tangible y unos personajes sólidamente perfilados nos encontramos con una novela muy atractiva para el lector que la devorará para saber si la huida hacia delante emprendida por Max Dembo será exitosa o le llevará al fracaso como parece estar condenada desde el principio.


La narración se sitúa a principios de los años setenta aunque tiene un carácter totalmente atemporal ya que lo que nos dice su triste trasfondo es la total incapacidad de escapar de su triste destino por parte de los ladrones, yonkis, traficantes y otros delincuentes de baja estofa que habitan las páginas del libro, sumergiendo a sus familias en el mismo lodo que pisan cotidianamente. También critica al sistema judicial, reflejándose en el comportamiento despótico del agente de la condicional que ya ha juzgado y condenado a Max Dembo de antemano así como la imposibilidad de reinsertarse en la sociedad de alguien que sale de la cárcel y no encuentra ninguna oportunidad que le evite reincidir.



No Hay Bestia Tan Feroz es una gran novela criminal que recomiendo encarecidamente.

OTRAS RESEÑAS DEL AUTOR:
LITTLE BOY BLUE 

Edward Bunker en la Wikipedia
Edward Bunker

Recomendación: 
Leer toda la obra literaria de Edward Bunker. 

Durante la escritura de esta reseña escuché el divertidísimo FFS de Franz Ferdinand & Sparks, el sorprendente Bleeders Digest de los desconocidos Say Hi y los turbios y claustrofóbicos Tender Prey y Prayers on Fire de Nick Cave and the Bad Seeds y la anterior banda del australiano, The Birthday Party, respectivamente.