Mostrando entradas con la etiqueta The Wake. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta The Wake. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de enero de 2019

JUAN PABLO MENESES - NIÑOS FUTBOLISTAS

No hace mucho me regalaron con gran acierto y puntería (moltes gràcies) un libro con una portada tan bonita como llamativa. En ella se muestra a un futbolista ante una pelota pinchada, con su sombra como testigo. Su título es Niños Futbolistas y el autor es el chileno Juan Pablo Meneses. La portada referida corresponde a la bonita edición de Blackie Books.

Juan Pablo Meneses es periodista más que escritor y al igual que hizo en el libro La Vida de una Vaca, vuelca en él su experiencia desde que compró un ternero de pocos días hasta que éste llega a ser carne para el consumo humano, se propuso comprar un joven jugador sudamericano, un aspirante a Messi, para tratar de venderlo posteriormente a un club europeo, narrando en Niños futbolistas el proceso y el resultado de sus andanzas y vicisitudes.

Para poder llevarlo a cabo inicia un periplo por diferentes países sudamericanos: Argentina, Bolivia, Chile, Brasil, etc… viendo partidos, clubs, chicos. Entrevistándose y negociando con agentes, presidentes, familiares de niños futbolistas, intermediarios varios, mientras va estableciendo contactos para lograr su finalidad: conseguir los derechos sobre un chico prometedor. 

Así, entre viajes, partidos, entrevistas y llamadas de teléfono, Juan Pablo Meneses nos muestra la realidad, la cara no tan conocida del fútbol; los miles de niños que aspiran a ser estrellas y los enormes y desmesurados intereses económicos que se generan a su alrededor. Lo primero que llama la atención escandalosamente es la escasa edad de los aspirantes a grandes figuras del balón; 11-12 años, ya que con más edad se consideran demasiado mayores. También es destacable que la mayoría de estos niños ya cuentan con representantes, ventas de derechos y, en definitiva, que están dentro de la estructura del negocio y son una propiedad. El periodista no cesará de hallar obstáculos en su pretensión de comprar un niño futbolista o es que se creía que en un negocio en el que se mueve tantísimo dinero dejarían entrar a un advenedizo como él?.

El libro tiene claramente dos trasfondos: el primero ya lo hemos mencionado, la ingente cantidad de dinero que mueve la exportación de jóvenes futbolistas y el segundo, que muy pocos de estos niños llegan a profesionales, convirtiéndose en muchos casos en juguetes rotos que pueden llegar a acabar en las calles de las soñadas ciudades europeas que creían atravesarían a bordo de lujosos deportivos, impulsados por la fuerza y pericia de sus chuts.

El estilo ágil, periodístico, de capítulos cortos, hace muy amena y atractiva la lectura del libro. El seguimiento de sus reveladores progresos provoca impacto y mucho interés en el lector. Además el autor lo sazona con ejemplos de jugadores que dieron el paso, de fracasos sonados, de concursos futbolísticos, clubs especiales (como el Club Social, Atlético y Deportivo Che Guevara) y otros hechos significativos que se explican por la importancia de uno de los mayores opios del pueblo a escala mundial, que redundan y enriquecen todavía más su contenido.

Niños futbolistas de Juan Pablo Meneses es un libro interesantísimo y muy recomendable, ya que hace abrir los ojos ante una triste realidad, el comercio de niños aspirantes a futbolistas, que mueve una ingente cantidad de dinero y si sale bien, enriquece a todos los que forman la cadena. El libro se sitúa en Latinoamérica, aunque podría desarrollarse tranquilamente en África y en otras partes del mundo.

JUAN PABLO MENESES en la Wikipedia:


RECOMENDACIÓN:
Qué queréis que os diga? Me gusta el fútbol y los libros que hablan de este deporte.

Durante la redacción de esta reseña he escuchado el magnífico Harmony de The Wake, una lástima que estén tan olvidados, el chispeante Movidas de Cariño (con la versionaza superando al original incluída) así como el precioso Orden de Índice de Inviernos, un maravilloso ejercicio de coldwave.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Edward Bunker- Little Boy Blue. Una crítica.






En la última excursión a la Biblioteca Pública, al curiosear entre sus estantes, me sorprendí gratamente el encontrar en la letra B un libro de Edward Bunker. Después de haber disfrutado anteriormente con No Hay BestiaTan Feroz,  uno se confiesa convencido admirador del escritor de Los Ángeles con lo que tuve muy claro que me llevaría a casa Little Boy Blue, el título que tuve la fortuna de hallar y que según el propio autor, es su mejor obra. En este caso, con traducción de Zulema Couso. 

Al inicio del libro, conocemos a Alex Hammond, un chico de once años dotado de una gran inteligencia acompañada de un explosivo carácter con violentos accesos de rabia que por momentos llegan a hacer pensar en conatos de locura. Tras el divorcio de sus padres, la imposibilidad del progenitor de cuidarle a tiempo completo provoca que Alex tenga que ir a varias instituciones estatales de acogida de las que se escapa con regularidad y donde empieza a desarrollar un marcado desprecio hacia la autoridad.

Una noche, después de haberse fugado con otro chico del último centro en el que estaban, deciden entrar a robar en una tienda cerrada. Cuando todo parecía ir bien e iban a escapar con su botín, los propietarios del negocio les descubren y presa del pánico, Alex dispara un revólver que encuentra en un cajón, hiriendo a uno de ellos.

En ese crucial momento, Alex deja de ser un pobre chico con mala suerte para pasar a ser un proyecto de delincuente. En ese momento, Alex cambia las escuelas y hogares de acogida por instituciones represoras. En ese momento, Alex todavía no lo sabe pero ha emprendido un sinuoso camino que no le llevará a ningún sitio.

A partir de entonces la novela sigue al chico en su peregrinaje por instituciones militares, pabellones psiquiátricos, centros de menores, correccionales y reformatorios varios, de los que termina, invariablemente, escapando gracias a su inteligencia y a su innato sentido de la supervivencia. En todos ellos, Alex es de los muchachos más jóvenes cuando ingresa, por lo que responde con inusitada violencia para hacerse respetar y ganarse fama de duro y a pesar de su autoaislamiento, se granjea una serie de amistades de los que aprende trucos y mecanismos de delincuentes que luego aplica cuando está en la calle. Con el transcurrir de las páginas asistimos indefectiblemente a la pérdida de la inocencia del chico, actuando al inicio movido por el miedo y la desesperación hasta que al final del libro, con 17 años, ya se ha convertido en un auténtico delincuente.

La acción se sitúa en los últimos años de la II Guerra Mundial y como ya ocurría en No hay bestia tan feroz, Edward Bunker relata de manera realista y con trazo vigoroso un mundo que conoció bien en primera persona, reflejado perfectamente en el detalle de las normas de funcionamiento de los centros de reclusión para jóvenes, con el progresivo endurecimiento de las normas de comportamiento en función de su grado. A la vez que aumentan la dureza de los mismos, contemplamos la progresiva degradación moral de Alex, orientando su privilegiada mente hacia el delito. En los paréntesis en que el chico está fuera, se describen con precisión los bajos fondos de Los Ángeles y los esfuerzos de un chico tan joven para “buscarse la vida” y conseguir ir tirando adelante día a día, sin horizonte ni esperanza sabiendo que tarde o temprano le terminarán capturando.

Tras estos aspectos más evidentes Bunker critica la total incapacidad e inoperancia de los distintos centros represores para dar una alternativa a la delincuencia a los muchachos ingresados en ellos, más bien todo lo contrario, convirtiéndose en escuelas del delito donde solo se respeta la violencia. El racismo también está muy presente en las páginas de la novela, mostrando el desprecio entre razas incluso en centros de reclusión. La presencia de las drogas y los devastadores efectos de las adicciones aparecen de soslayo, casi sin querer tomar protagonismo pero siendo muy importantes como motivadores de las acciones de los pequeños delincuentes dispuestos a cualquier delito con el fin de poder conseguir una nueva dosis.

Little Boy Blue es otra jugosa y desencantada historia de perdedores marca de la casa de Edward Bunker, en este caso con un mayor poso de tristeza debido a la edad del protagonista. La coherencia y verosimilitud de la historia provoca que capte totalmente la atención del lector que asiste impactado al desarrollo de la narración. Volvemos a reivindicar al obra del escritor y desde aquí elogiamos y agradecemos la tarea emprendida por Sajalín Editores para ofrecernos la obra de Edward Bunker, que nos ha permitido disfrutar de un escritor francamente interesante con unas historias tan visuales como realistas y entretenidas.


Edward Bunker en la Wikipedia
Edward Bunker

Recomendación: 
Edward Bunker, James Ellroy.

Durante la escritura de esta reseña escuché el sorprendentemente fresco Diez de Niños Mutantes, el encantador Atlantis del genio Joan Miquel Oliver y el catedralício Harmony de The Wake.

domingo, 28 de agosto de 2016

Antiguo Régimen- Naturaleza Fractal. Una crítica



Con la publicación en 2014 de su primer disco, Política de Tierra Quemada, Antiguo Régimen se situaron en primera fila del revival post-punk no solo español sino incluso europeo. Esta afirmación no cogió en absoluto por sorpresa a quienes ya les conocían desde la publicación de su primer EP, el estupendo La Formación de la Sombra.


Después de un tiempo de silencio, Antiguo Régimen publican su segundo trabajo, Naturaleza Fractal, con una edición en vinilo de bonita portada naranja enmarcando varias fotografías de parajes desolados en blanco y negro.


Naturaleza Fractal está compuesto por 9 canciones y una concesión a la experimentación, Antiludio, para unos escasos 40 minutos totales y manteniendo unas coordenadas continuistas respecto a su predecesor. Canciones con estructuras complejas y cambiantes, con ausencia casi total de estribillos. El bajo poderoso y omnipresente es el principal conductor del disco y, como puño de hierro en guante de seda, marca un ritmo sostenido bien secundado por unas guitarras preciosistas cargadas de delays y efectos y unos muy atmosféricos teclados que actúan como mullidos cojines dando consistencia y profundidad a los temas.


Destacan canciones como Apología del Desenfoque con una estructura cambiante y su variedad de arreglos. La urgencia de la guitarra protagonista en Museo del Odio. Siega de Almas con sus texturas joydivisionianas producidas por unos densos teclados. La belleza etérea de Natantis Corpis y el avance perezoso de Animales Muertos hasta el cambio en su parte final. Por los surcos del disco supuran las reminiscencias a The Wake, los The Cure más retorcidos y atmosféricos, Joy Divison, The Sounds o The Chameleons y también a los españoles El Desván del Macho o Ciudad Lineal (una auténtica lástima su reciente disolución).

Las letras son crípticas e intrincadas logrando transmitir impresiones frías, dolientes y desesperanzadas. Esta impresión se ve potenciada por uno de los aciertos de la producción, el hecho que las voces queden ensambladas con la instrumentación especialmente cuando quedan amortiguadas por los sintetizadores y actúan como un instrumento más. En los escasos momentos en que intentan destacar y ser protagonistas, el conjunto se resiente. Como acostumbra a pasar en los trabajos tan adscritos a un género o estilo concreto, a quien no le guste éste va a encontrarlo un disco lineal sin llegar a apreciar la belleza en sus abundantes matices. 


Se acostumbra a decir que el segundo disco es el de la confirmación y los valencianos Antiguo Régimen no solo lo hacen sino que reafirman su posición de cabecera dentro del revival post-punk, que ya hace unos años disfrutamos, gracias a este efectivo tratado de coldwave llamado Naturaleza Fractal. 

APOLOGÍA DEL DESENFOQUE


MUSEO DEL ODIO


SIEGA DE ALMAS

NATURALEZA FRACTAL EN SPOTI