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sábado, 9 de diciembre de 2017

Sea Pinks - Watercourse. Una crítica



Ser curios@, tener curiosidad continúa siendo una gran ventaja en estos tiempos de grandes avances tecnológicos que nos permiten disponer de casi todo a la distancia de un clic. El problema de ello estriba en que como mayor oferta existe, más no ceñimos a elegir lo que nos dan precocinado y casi predegustado. No nos queremos dar cuenta pero orientan nuestras elecciones, nuestro consumo y ante ello, nada como no tener miedo a lo desconocido, huir de lo evidente y atreverse a probar cosas nuevas. En estrictos términos musicales, es cierto que seguir este método puede llevar a escuchar grandes castañas aunque eso también pasa si te limitas a escuchar obras de grupos consolidados e intocables para los grandes medios. Todo este rollo introductorio sirve para justificar que así, un poco de casualidad y sin referencias, descubrí el disco Watercourse de Sea Pinks gracias a una referencia cogida casi al azar que me llamó la atención y me hizo escucharlo. 

Sea Pinks es un grupo irlandés ciertamente prolífico ya que han publicado seis LPs en siete años de existencia. Anteriormente el grupo era conocido por ser el proyecto paralelo de Neil Borgan, el batería de Girl Names, hasta que en 2013 dejó su anterior banda para centrarse en Sea Pinks, donde canta y toca la guitarra, acompañado por Steven Henry al bajo y Davey Agnew como batería. 

Watercourse es un disco de pop en mayúsculas. Temas cortos sin adornos innecesarios para ofrecer diez canciones en poco más de media hora. Temas Places She Goes, Into Nowhere, la homónima Watercourse o How Long Must I Be Denied se enmarcarn claramente dentro del jangle efervescente que bebe de las guitarras de The Smiths y del C86 menos lluvioso, sazonado con unas gotas de surf-rock cuando aceleran que les acerca a bandas contemporáneas como Veronica Falls o los mismos Girl Names. En la pegadiza e irresistible Gonalong y en la postrera Pining Away, sus guitarras cristalinas y bajos trenzados nos recuerdan a Wedding Present o, incluso, a los REM más rítmicos (época Murmur-Reckoning). En un par de temas frenan y abrazan sonoridades cercanas al twee-pop como I Don’t Know What i Would Do (Without You) y la grower Shock of the New dejando también espacio para la new wave estilo Wire en la trepidante Playin’ for Pride. Como queda demostrado, los de Belfast han logrado asimilar sus influencias para conseguir un sonido reconocible, aunque algo lineal, sin chirridos ni estridencias.

Watercourse de Sea Pinks es un disco muy disfrutable que gustará a los amantes del pop luminoso que busca melodías y estribillos explosivos sobre colchones de guitarras nítidas y trotonas bases rítmicas. Al final, no deja de ser más que pop de impacto inmediato sin pretensiones, ese que escuchas y no cambiará tu vida pero durante media consigue proporcionarte felicidad y dibujarte una sonrisa inconsciente. En ese arte, Sea Pinks son unos verdaderos artesanos y conviene seguirles la pista muy de cerca.


GONALONG


INTO NOWHERE


SHOCK OF THE NEW


WATERCOURSE EN Spoti


miércoles, 30 de agosto de 2017

Marc Pastor- Farishta. Una crítica.


Marc Pastor es un escritor que libro a libro ha ido construyendo una sólida carrera literaria. Desde la novela negra histórica de base más o menos real en La Mala Dona, hasta sus profundización en el fantástico con Monte Cristo o L’Any de la Plaga terminando con su anterior obra publicada, la genial Bioko en un relato que alterna la base histórica con la ciencia ficción por el uso de saltos en el tiempo. Su originalidad y fuerza narrativa me conquistó enseguida por lo no es de extrañar que estuviese expectante ante la publicación de Farishta, su nueva obra.

Farishta Drakonova es una joven de dieciocho años a la que un nuevo puesto de trabajo le cambiará radicalmente la vida. No es que haya tenido lo que se dice una vida fácil ya que Farishta fue recogida, a la edad de siete años, de las calles de Afganistán en guerra. Sus padres adoptivos la llevaron con ellos a Rusia hasta que murieron en un accidente dos años atrás. Siguiendo el consejo de su tío y tutor, acude a la empresa Iefremov- Strugatski por una entrevista de trabajo para un puesto de ensueño que acabará consiguiendo: trasladarse durante cuatro años al complejo Sannikov, en la Polinesia Francesa, para encargarse de la logística y del cuidado de unas pocas familias que ven crecer a sus hijos, en el entorno de unas paradisíacas islas tropicales y con una excelente remuneración.


Al llegar a su destino se confirman sus optimistas expectativas: su nueva casa será una pequeña isla de playas de arena blanca enmarcada por un mar turquesa para ella sola. Para su sorpresa, su compañero en la empresa es un chico fascinanter y guapísimo llamado Manse Melville, del que se enamora desde el primer momento. Para redondear el sueño, la mayoría de las siete familias son encantadoras y el trabajo resulta fácil de sobrellevar. El mayor inconveniente estriba en la rutina del paso de los días, esta monotonía y el abundante tiempo libre provoca que paulatinamente Faristha empiece a plantearse preguntas: por qué unas familias acomodadas deciden renunciar a todo, esconderse en esta ignota parte del mundo para criar a sus hijos? qué clase de futuro esperan darles? Por qué se hace un silencio cuando pregunta por sus antecesoras en su puesto?. La semilla de la duda empieza a germinar generando una filtración, una grieta, en el pensamiento de Farishta que ni los cuidados y atenciones de Manse logran remediar. Para incrementar su preocupación, la joven empieza a sentirse observada y a notar una presencia en su propia isla. Serán todo imaginaciones suyas, se estará volviendo loca o realmente la compañía tiene algo importante que ocultar y esconderle?.



Aunque me haya extendido lo cierto es que no he spoilereado nada. Tras este sugerente punto de partida encontramos una narración que aborda diversos géneros; de novela iniciática evoluciona a novela de aventuras enriquecida con ciencia ficción. La lectura de Faristhta se estructura en torno al diario de la protagonista con algún añadido de entrevistas y documentos de la compañía que la contrata. Precisamente esta estructura de diario, la ambientación en una pequeña isla y el trasfondo de ciencia ficción emparenta esta obra con La Pell Freda (La Piel Fría) de Albert Sánchez Piñol y al igual que pasaba con ésta, su estructura es a la vez un acierto y un lastre. Acierto porque suministra la información poco a poco y en forma de capas que se van descubriendo, asistiendo a la transformación de la protagonista de una muchacha ilusionada y esperanzada con su nuevo trabajo hasta que, con el transcurrir de las páginas, la desconfianza y la paranoia se apoderan de ella convirtiéndose en decisión. Lastre porque la sucesión de entradas, algunas pueriles e intrascendentes, provoca un cierto tedio especialmente en la parte central aunque esta sensación queda totalmente superada con la precipitación de los acontecimientos en la parte final.


La práctica totalidad del peso de la novela recae sobre los dos personajes principales, la pareja de jóvenes. Es muy interesante el personaje de Farishta y el tratamiento de su evolución como persona. Es una muchacha desarraigada y algo desorientada por la ausencia de sus padres (por dos veces) que avanza hacia la madurez gracias al temor que siente y que le hace despertar un poderoso sentimiento de protección hacia los hijos de las familias del complejo y, especialmente, a los suyos que desea tener en el futuro. El personaje de Manse Melville es más ambiguo y en algún momento sus motivaciones y comportamiento son cuestionables. Tras el espectacular andamiaje y atrezzo de la obra y reflejado en Faristha, se esconde una honda reflexión sobre las relaciones paterno-filiales, el instinto de protección de los padres hacia los hijos y los efectos de la ausencia de los progenitores sobre estos.


Marc Pastor vuelve a demostrar una desbordante imaginación y un gran dominio de la narrativa al hacer encajar perfectamente en la historia recursos de ciencia ficción –saltos en el tiempo, tecnología-. Otra cosa es que la compleja trama nos parezca más o menos creíble pero entonces ya no discutimos Farishta sino cualquier título de ciencia ficción. Las 465 páginas del libro se leen sin dificultad y aunque peque de una cierta ralentización en el tramo central, el ritmo se acelera hasta convertirse en frenético en la parte final llegando a un final totalmente coherente con la historia. Enriquecen la narración las acertadas referencias musicales porque sirven para contextualizar temporalmente la historia y empatizar con el estado de ánimo de sus protagonistas. También resulta divertido encontrar entre sus páginas los múltiples  guiños tanto literarios como al cine fantástico (las series también cuentan).


Farishta es una gran novela y confirma todavía más a Marc Pastor como uno de los autores referenciales de la novela fantástica de estos lares gracias a su portentosa capacidad fabulativa y a su interesante e imaginativo universo propio. El mismo autor ha manifestado que todas sus novelas tienen personajes y lugares comunes y que estas interacciones todavía serán mayores en el futuro formando toda su obra un corpus común (mirando algunas publicaciones al respecto, he averiguado que las conexiones entre sus novelas ya tienen incluso nombre: corvoverso). Propuesta tan valiente, arriesgada y estimulante como faraónica por lo que indudablemente seguiremos de cerca a este original escritor.

Marc Pastor a la Viquipèdia

Recomendación: 
4 novelas leídas de Marc Pastor, 4 aciertos. Seguir de cerca sus futuras publicaciones.

Mientras escribía esta reseña he escuchado el vibrante Arms Around a Vision de The Girls Names, el rock psicodélico de Black Angels en su nuevo disco Death Song así como el estimulante y ruidoso Gran Oriente de Disciplina Atlántico.

Farishta en Spoti por cortesía de Marc Pastor