It feels like a hundred years.
A veces se me aparecen en el umbral entre el sueño y la vigilia, vienen hacia mí y ya no estoy solo.
Ses coses no són fàcils per ningú dins aquest iglú tan descongelat.
The one and only time I ever saw Toxic Boy cry was when some sodium chloride got into his eye.
La gente necesita conocer tu opinión de mierda.
Entre que 2022 ha sido un buen año a nivel musical y mi, cada vez mayor, incapacidad para filtrar, resulta que al final la selección de canciones del año que acaba de finalizar asciende a 200 temas. Bien es cierto que al final he añadido alguna para cuadrar el número.
Este año no hay ningún rànking y el orden es meramente alfabético salvo que el Sr. Spoti lo cambie. Espero que os gusten y acepto todo tipo de comentarios y sugerencias.
* En el banner aparecen 100 temas. Apretando el símbolo Spoti os lleva a la playlist de 200 temas.
Hace tres años, The Afghan Whigs sorprendían al publicarDo to the Beast. Su gran calidad no evidenciaba en ningún momento que hacía dieciséis años de la publicación de su trabajo anterior. Si Greg Dulli –cantante, compositor y guitarra rítmico- siempre ha sido claramente la imagen del grupo, la marcha -en 2014- de Rick McCollum, guitarra fundacional del grupo, todavía ha reforzado más esta idea y parece ser que el bueno de Greg se encuentra cómodo con ello. Sustituye al ausente con la incorporación del solvente Dave Rosser (que ya tocó con Dulli en Twillight Singers y también en Gutter Twins) y después de una larga y exitosa gira mundial, vuelve a llevarlos al estudio de grabación dando como fruto el nuevo disco, In Spades, compuesto y producido enteramente por él.
Tras su atractiva portada, el disco empieza con la calmada Birdland, canción de obertura jazzística que funciona casi como una intro para dar paso a una tremenda secuencia de temas rítmicos y cautivadores como el primer single, Arabian Heights, poseedora de un arreglo de guitarra que la emparejan con Matamoros de su disco anterior. La elegante Demon in Profile, que se inicia con un delicado piano que actúa como mecedora de un contenido Dulli hasta que los riffs de guitarra provocan que se desborde paulatinamente. Toy Automatic con su omnipresente batería en un tema con aroma de clásico instantáneo gracias a su intensidad creciente y un desarrollo bellísimo tanto en la parte vocal como instrumentalmente, sumando vientos en su tramo final. Oriole, otra canción preciosa con una cadencia perfecta para la voz del cantante, que surfea airosa entre certeros riffs de guitarra y ajustados arreglos de violín y violonchelo. Tras ella, Copernicus, el tema más urgente y rítmico del disco, con un inicio que puede llegar a recordar al mítico My Sharona de The Knack. A estas alturas, uno está atónito y agradecido, cinco posibles singles todos ellos tan intensos como diferentes.
In Spades continúa con The Spell que se mueve en parámetros similares a Oriole con juegos de equilibrio entre riffs de guitarra y violines aunque de nivel inferior a la mencionada. Light as a Feather vuelve a elevar el listón gracias a un bajo robusto y, posiblemente, la interpretación vocal más negroide y encendida del disco. Tras la tempestad llega la calma en I Got Lost donde es un piano confesional quien toma el protagonismo para terminar con la crepuscular y desgarrada Into the Floor.
Tal y como pasó con el anterior, el disco se hace corto y deja con ganas de mucho más. Gatos viejos ellos, entregan un disco conciso y directo, con diez canciones para unos escasos treinta y seis minutos, repleto de las constantes en la carrera de The Afghan Whigs: intensidad repleta de riffs de guitarras rockeras que incluso beben de Led Zeppelin, desatada interpretación vocal tan abrasiva como soulera por parte de Greg Dulli (el más negroide de los cantantes rock y, sin duda, de los mejores cantantes de los últimos veinte años) mientras exuda sexo y sudor, alma funky y elevada cadencia rítmica en la mayoría de sus canciones.
In Spades es otro disco soberbio por parte de los de Cincinnati, con una primera mitad más que destacable, con algunas canciones que pueden mirar de cara a las mejores de su carrera, y evidenciando que se hallan en un gran momento. Ante ello, deseamos que The Afghan Whigs sigan publicando nuevos trabajos, aterricen de gira por aquí cerca y puedan superar el reciente fallecimiento de Dave Rosser, que en tan solo dos trabajos se ha revelado como un miembro muy importante en el grupo.
El año empezaba con una gran
noticia: nuevo disco de los Afghan Whigs de Greg Dulli. La gira de reunión de
hace 2 años ya lo presagiaba y aquí lo tenemos, 16 años después del espléndido
1965, nos entregan Do to The Beast.
16 años en los que Greg Dulli ha desarrollado
proyectos en solitario, grupos como los muy recomendables The Twillight Singers
o The Gutter Twins, junto al hombre de la voz cavernosa, Mark Lanegan. Hasta
que ha decidido volver con su banda inicial, y quien piense que se trata de un
simple álbum de reunión para ganar pasta, hecho con el piloto automático, ya
puede sacarse esta idea de la cabeza porque Do to the Beast es un gran disco, digno
continuador de la discografía de The Afghan Whigs.
El disco empieza abrumador con
las potentes y guitarreras Parked Outside y Matamoros (ésta con una melodía irresistible y un precioso
arreglo que le da un aire moruno). Sigue con It Kills en la que Dulli domina y retuerce
la voz a su antojo, hasta llegar al primer single, Algiers. Un tema rítmico, muy accesible
y con un cierto aire pop encantador. La primera cara acaba al ritmo de un piano oscilante en
Lost in the Woods.
La segunda cara se abre con la
espléndida The Lottery, una apisonadora de canción en la que las abruptas guitarras toman el protagonismo. Sigue Can Rova, un tema menor hasta que en su último
minuto hace acto de presencia una fantástica base electrónica que salva el tema,
enlazando con otra enorme canción, Royal Cream, con un crescendo sostenido y un Dulli desbocado. A
continuación, la discreta I am Fire y el disco acaba majestuoso con la
espléndida These Sticks.
Casi sin darnos cuenta han pasado
las diez canciones del disco y nos queda una sensación en la cara de K.O. técnico.
The Afghan Whigs, como viejos rockeros que son, prefieren dejarnos con ganas de
más a saturarnos y reducen el minutaje del disco a unos escasos 40 minutos que
se hacen muy cortos.
Do to the beast es un disco
urgente, sudoroso, abrasivo y plagado de riffs de guitarras, en el que destaca
la siempre soulera y cálida voz de Greg Dulli, que se muestra en un buenísimo estado de
forma, volviendo a demostrar que es uno de los 3-4 mejores cantantes rock de las
últimas décadas. A pesar de las múltiples colaboraciones del disco, para suplir la ausencia del guitarrista Rick McCollum, éste suena impecablemente cohesionado y sin altibajos.
The Afghan Whigs siempre ha sido
un grupo injustamente infravalorado y no creemos que a estas alturas, y tan
lejos de los tiempos del post-grunge, vayan a tener mayor reconocimiento pero
mientras sigan haciendo canciones como Royal Cream, The Lottery, Algiers o
Parked Outside, solo podemos pedir que no tarden 16 años en sacar otro nuevo
disco. Mientras tanto colocaremos éste Do to the Beast a la altura de sus míticos
Black Love, Gentlemen o 1965 y eso son, indudablemente, palabras mayores.