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jueves, 19 de enero de 2017

Neleonard- Las Causas Perdidas. Una crítica.



Seguimos los pasos a Neleonard desde que tuvimos la oportunidad de verlos tocar, e impresionarnos, en el fantástico festival Maldaltura en 2014, poco antes de su primera entrega discográfica, un mini-lp de 6 canciones llamado Agosto. Desde entonces han estado más de dos años preparando su primer disco largo, Las Causas Perdidas. Diferentes movimientos en la banda hasta conformar la alienación definitiva (Nele, Laura, Guille, Eloy, Elena y Pedro), las actividades de las bandas paralelas de algunos de sus miembros –Gúdar, Gabriel y Vencerás o Die Katapult- y el darle vueltas a las canciones hasta encontrar la palabra, la rima, el arreglo idóneo, provocaron la demora en su publicación.


Neleonard viene a ocupar un espacio en la música pop de este país que ha quedado un poco huérfano desde la disolución de La Buena Vida. Canciones bipolares que hablan de algo tan universal y cercano como el amor y su reverso oscuro, el desamor. Para ello se sirven de unas letras directas y confesionales que desprenden ilusión, entusiasmo y felicidad por un lado y añoranza, desolación y un cierto extravío por otro. Emociones cercanas y fácilmente identificables que son tratados con sensibilidad huyendo de la ñonería y la impostura. Temas muy melódicos que podemos calificar de twee pop, pop luminoso o, sencillamente, pop pluscuamperfecto basados en la excelente combinación de las voces de Nele y Laura (mención especial a lo bien que canta esta chica) y unos arropadores arreglos tan precisos como perfectos y tan variados que escuchamos desde pianos a violines pasando incluso por mandolinas.


Las canciones del disco supuran influencias de estilo y mucha clase: Heavenly, BMX Bandits y el catálogo de Sarah Records aparecen en temas optimistas como Reluces o Mariadel. El pop de cámara también tiene sitio en La más alegre y en Menos de mí, recordando inevitablemente a The Divine Comedy o Belle & Sebastian. En Seguro que es por mí, Vivir como ellos, Tu fiesta y Salvavidas transitan por parajes más desolados e intimistas asomándose a los abismos emocionales de los anteriormente mencionados La Buena Vida y los Deneuve más descarnados. Entre las canciones del disco relucen especialmente dos gemas: Coger frío y Ya ni cuento, dos rítmicos temas que recogen el testigo de todos los grupos citados anteriormente y lo llevan más adelante con dos canciones que no desmerecerían en el repertorio de ninguno de ellos. Acaba el disco con la melancólica tristeza que emana de Despedida que indefectiblemente provoca ganas de volverlo a escuchar de nuevo. A pesar de todas las influencias citadas Neleonard no realiza en absoluto un pastiche de influencias sino que las ensambla a la perfección para conseguir una sólida e irresistible voz propia.


Las Causas Perdidas es uno de esos discos sorprendentes que pueden pasar desapercibidos en un primer momento pero que se acaba convirtiendo en un fiel compañero de viaje al que recurrir una y otra vez. Enorme primer trabajo de Neleonard, sin ninguna duda.

COGER FRIO 

RELUCES

MARIADEL

LAS CAUSAS PERDIDAS EN SPOTI 


domingo, 15 de enero de 2017

Pierre Lemaitre- Nos vemos allá arriba. Una crítica




Pierre Lemaitre se dio a conocer por la serie del comisario Verhoeven y alguna otra novela negra como Vestido de Novia. En la que casi podríamos calificar como su primera obra fuera del género noir, Nos vemos allá arriba, ganó en 2013 ni más ni menos que el Premio Goncourt, prestigioso premio que otorga una retribución anecdótica pero asegura una cifra de ventas que catapulta a la popularidad definitiva.
La acción se sitúa en los primeros días de noviembre de 1918 y mientras los rumores del armisticio, y con ello el final de la I Guerra Mundial, empiezan a llegar al frente, la ambición del teniente d’Aulnay- Pradelle provoca un estúpido ataque contra las líneas enemigas en el que acaban siendo heridos en circunstancias poco claras tanto Albert Maillard como Édouard Péricourt. El hecho de que, antes de caer gravemente herido, Péricourt salve la vida a Maillard, les unirá con un lazo de invisible fidelidad imperecedera que provocará que no se separen ni un momento hasta que el herido abandone el campamento con destino a una clínica donde poder recibir tratamiento y así recuperarse.
Una vez terminada la guerra Maillard logra dar con Péricourt. Ante las graves secuelas de su herida que le provocan una gran deformación facial y otros problemas familiares, este último decide renunciar a sus orígenes e iniciar una nueva vida convirtiéndose Maillard en su fiel escudero. Por otra parte, Pradelle valiéndose de los réditos conseguidos como héroe de guerra, logra posicionarse en la alta sociedad parisina. Tanto el arribista y ambicioso exteniente como sus antiguos subordinados tratarán, cada uno en su ámbito y por separado, de aprovechar las oportunidades de negocios generadas por los homenajes a los caídos en la contienda para tratar de conseguir riqueza y resolver sus vidas. Solo tienen un pequeño inconveniente, no tienen capital para invertir. A pesar de ello, a base de ambición Pradelle y de picaresca e ingenio, los heridos, intentarán conseguir sus propósitos aunque sea a costa de estafar a todo un país.
En anteriores novelas del autor, éste nos había parecido ligeramente tramposo por el hecho de ocultar información al lector, información muy importante ya que era la que explicaba el errático comportamiento de los personajes. Esto no ocurre en absoluto en Nos vemos allá arriba. En ella, Pierre Lemaitre ofrece un gran relato tanto cuando habla de la I Guerra Mundial como cuando lo hace de la Francia de posguerra. Describe a la perfección la alienación de los soldados dentro de un regimiento, así como la sociedad de 1920 que recibe a unos excombatiente que ya no encajan en ella. También el ambiente de la lujosa alta sociedad junto con el malvivir en las calles de los desheredados. La narración tiene mucha fuerza y vigor, es ambiciosa por todo lo que abarca y está llena de detalles que ayudan a situar al lector y hacerle seguir muy de cerca la acción. Los personajes son muy potentes y su perfil psicológico está perfectamente descrito: la codicia y falta de escrúpulos del aristócrata venido a menos Henri d’Aulney- Pradelle dispuesto a cualquier cosa con tal de trepar en la alta sociedad, la bondad y subordinación del pusilánime Albert Maillard, la sensibilidad artística y testarudez de Édouard Péricourt a quien el rechazo de su padre  le hace renegar de sus apellidos y con ello, de su adinerada familia. Pero no solo los principales, el resto de personajes que transitan por las páginas de la novela están espléndidamente configurados. Desde aquí preferimos las páginas que narran las intrigas del arrogante trepa Pradelle y la aparición de alguno de los potentes secundarios, como el singular justiciero Joseph Merlin, ya que tanto la blandura de Albert como el resentimiento estúpido de Édouard igual se merece un par de collejas bien dadas ya que su comportamiento, por momentos, ralentiza el ritmo de la narración. Las tramas y subtramas están perfectamente enhebradas y se cruzan y entrecruzan continuamente logrando mantener la tensión y la atención hasta la última página. Al finalizar el libro vemos que tiene 439 páginas pero han ocurrido tantas cosas que da la impresión de que se hayan leído muchas más.
Nos vemos allá arriba es un claro alegato antibelicista denunciando la inutilidad de las contiendas que solo arrojan pérdidas de víctimas humanas para no conseguir nada tangible en la mayoría de las ocasiones. Pone de manifiesto el egoísmo humano que no duda en sacrificar vidas de semejantes con tal de conseguir sus propios propósitos, si esto se ve un contexto tan peculiar como una guerra cómo no va a producirse posteriormente en los negocios cuando la finalidad es enriquecerse sin medida. Entre sus páginas también se refleja la dificultad de adaptarse de nuevo a la sociedad por parte de los combatientes que han regresado del frente, una sociedad que les recibe como héroes, pero donde –en muchos casos- ya no tienen cabida y el sentimiento de culpabilidad de esta misma sociedad hacia los caídos en la confrontación traducida en grandes y fastuosos homenajes. La diferencia de clases está plasmada en la diferencia entre los lujosos salones que pisa Pradelle y los cuchitriles sitos en barrios desfavorecidos donde habitan los dos amigos. Todo esto está relatado con abundante cinismo y humor negro, aún a pesar de tratar temas tan solemnes e intocables como la gloria nacional, el patriotismo y el homenaje a los caídos.
Pierre Lemaitre ha escrito un libro magnífico, un libro que rápidamente ha obtenido aroma de clásico. Nos vemos allá arriba es un relato excelente sobre el egoísmo y la miserable condición humana en el entorno de la reconstrucción, tanto física como moral, de un país descubriendo los turbios y lucrativos negocios generados por la construcción de cementerios para poder enterrar con dignidad a las víctimas de la guerra. Sobre sus páginas iniciales planea la sombra de Senderos de Gloria de Stanley Kubrick y en el resto de la historia se pueden apreciar rastros de la causticidad de Céline y, utilizando el recurso fácil, por la procedencia del autor de Balzac, Zola y Alejandro Dumas.

Otras Reseñas de Pierre Lemaitre:
ALEX 
Pierre Lemaitre en la Wikipedia

Recomendación: 
Leer este libro, sin duda. Si se quiere seguir con el autor conseguir la colección del comisario Verhoeven pero empezando por Irene, importante abrirla por el inicio.
Dejarse guiar por el palmarés del Goncourt, posiblemente el premio literario más atinado que existe.
Mientras escribía esta reseña he escuchado el delicioso When you need me the most de Alpaca Sports, el digno Here de los incombustibles Teenage Fan Club y la bomba sónica llamada Poderosa de los sorprendentes El lado oscuro de la broca.

sábado, 7 de enero de 2017

Irvine Welsh- Skagboys. Una crítica

En este 2017 recién iniciado escucharemos muchísimo el nombre de Irvine Welsh. El escocés ya es sobradamente conocido gracias al éxito mundial de Trainspotting (gracias a que el cine catapultó la popularidad de la espléndida novela) y en un par de meses se estrenará la película basada en su continuación, Porno. Tal y como está montado el negocio cinematográfico, por poco éxito que tenga, la próxima película estará basada en Skagboys, que es precisamente el libro que reseñamos.

Esta novela, a pesar de ser la última publicada se sitúa cronológicamente como la antecesora de Trainspotting. En ella, encontramos al grupo de protagonistas: Renton, Sick Boy, Spud, Begbie, junto con otros de sus amigos, recorriendo las calles de su Leith natal poco tiempo después de cumplir veinte años, durante la primera mitad de la década de los ochenta.

En el punto de partida, Renton es un chico inteligente y avispado que partiendo de sus orígenes humildes está estudiando en la Universidad de Aberdeen, siendo el orgullo de su familia. Sick Boy, por herencia de sus genes italianos, es un casanova, un rompecorazones cuyo objetivo es ligarse al mayor número posible de chicas. Spud es un pusilánime y tiene un problema claro de falta de autoestima, siempre inseguro y buscando la aprobación de los demás y Begbie es un psicópata y un delincuente, un camorrista arrogante que siempre acaba recurriendo a la violencia, un indeseable al que es mejor tener por amigo que por enemigo. Con muchísimo tiempo libre por la falta de oportunidades laborales se dedican a ir al pub a emborracharse, al estadio a ver a su equipo de fútbol -los Hearts de Edimburgo- y pelearse con la afición rival, y a estar de juerga y ponerse el máximo tiempo posible. 

Este universo común y más o menos normal cambia con la aparición en gran escala de la heroína en la ciudad. Lo que empieza siendo curiosidad se convierte en muy poco tiempo en una necesidad vital, en una adicción y dependencia. Con el transcurrir del libro y el aumento de consumo de jaco, asistimos gradualmente a la espiral de autodegradación en la que han entrado los protagonistas. Renton abandona la Universidad y sus sueños, Sick Boy casi pierde el interés por las mujeres, Spud se hunde y Begbie, como buen zumbado, sigue totalmente a la suya sin sucumbir a la droga debido a que su adicción a la violencia es superior. Al convertirse en yonkies a tiempo completo, sus relaciones familiares se deterioran, sus amistades se distancian y sus prioridades vitales cambian siendo lo único importante el conseguir dinero para consumir. Cuando un corte en el suministro de heroína provoca una sequía total, las consecuencias son catastróficas para los personajes.

No revelamos demasiado del argumento aunque tampoco haría falta ya que más que un desencadenante de la acción o una misión en los protagonistas, la novela narra su día a día. En esa cotidianeidad y en la construcción de personajes es donde Irvine Welsh es un maestro. Explica las arrabaleras andanzas de los chicos con total naturalidad y ningún tipo de cortapisas y logra dotarlas de un contagioso atractivo que no tiene la vida real. Da voz a muchos integrantes del ecosistema de Leith, no solo a los cuatro protagonistas, entrecruzando sus historias y puntos de vista. En esas noches de fiesta, en las pequeñas aventuras en que se meten es donde realmente se disfruta de la escritura de Welsh. Incluso con las muchísimas referencias culturales y el uso del argot local -mención especial al traductor habitual de las obras del escocés, Federico Corriente, por el ingente trabajo que le habrá supuesto cazarlas todas-. La gran cantidad de detalles que aporta, la naturalidad y el entusiasmo de su narración provoca que el lector asista a las correrías de los personajes como si fuese su sombra, tan solo un metro por detrás de ellos, encajando con facilidad las piezas que conforman el puzzle que conforma Leith y las motivaciones de sus actos.

Skagboys refleja dos importantes problemáticas entre sus páginas utilizando a los personajes como pantallas de las mismas. Por un lado, la consecuencia de las desastrosas políticas conservadores de Margaret Thatcher que entre reconversiones de sectores industriales, flexibilización del mercado de trabajo y restricciones continuadas consiguió triplicar las cifras de paro en poco tiempo. Además las continuas modificaciones de los registros de estos índices provocó que fuese un número confuso y con elevadas irregularidades. La crítica devastadora que supone el libro contra la “Dama de Hierro” se refleja claramente en esta frase: cientos de millares de jóvenes de clase trabajadora del Reino Unido, al no tener ocupación, tenían mucho menos dinero en el bolsillo y disponían de mucho más tiempo. Tiempo que en gran parte se ocupaba en correrías similares a las de esta novela.

Por otra parte, el libro refleja el escalofriante proceso de la adicción a la heroína. El título no engaña, Skag es heroína en slang o argot. Skagboys lo relata descarnadamente y sin ningún tipo de compasión. Desde la inicial atracción hacia la droga y su sensación de bienestar inmediato e incluso de una cierta invulnerabilidad, hasta llegar –casi sin darse cuenta- al enganche y necesidad de consumir con regularidad, mientras el adicto se autoengaña y piensa eso de “yo controlo, solo un poco y lo dejo cuando quiero”, sin querer reconocer que se ha convertido en un zombie, solo pendiente de que la droga circule por su sangre y le permita tirar adelante sin colapsarse hasta la urgencia del próximo pinchazo  que, como una bestia acechante e implacable, cada vez muerde antes ofreciendo menor tiempo de tregua. Una vez llegado este momento, el drogadicto está dispuesto a realizar cualquier cosa con tal de conseguir su dosis emprendiendo una veloz carrera destructiva hacia la ignonimia personal. La conjugación de la adicción severa con la escasez de dinero conduce indudablemente al callejón sin salida de la delincuencia. También muestra la aparición de un nuevo y terrible mal, el SIDA, y las consecuencias devastadoras, en esos años, principalmente entre los que se pinchaban compartiendo jeringuillas.

Skagboys es otra grandísima obra de Irvine Welsh. Sus 667 páginas están repletas de acción, mordacidad, gamberrismo y crítica social y el ir avanzando la lectura es un auténtico deleite. Incluso en las bajadas a los infiernos de los personajes el lector no deja de admirarse de la pericia del escritor. Tan solo baja un poco el ritmo frenético con la transcripción del diario personal de uno de ellos, lectura del mismo que se hace ligeramente fatigosa aunque posteriormente recupere el tono con facilidad.

Irvine Welsh es un narrador apabullante y Skagboys ocupa un lugar muy alto entre sus novelas, lo cual es un grandísimo elogio. De hecho, entran ganas de releer Trainspotting y Porno para seguir los pasos de los muchachos que pueblan sus páginas. Desde aquí nos rendimos ante Skagboys y, una vez más, ante el enorme talento de Irvine Welsh.

Otras Reseñas de Irvine Welsh:
CRIMEN

EL ARTISTA DE LA CUCHILLA

Irvine Welsh en la Wikipedia

Irvine Welsh

Recomendación: 

Irvine Welsh, así de sencillo.

Mientras escribía esta reseña he escuchado el abrasivo Atomizer de Big Black y el delicioso compendio de twee pop The Rise and Fall of BMX Bandits del grupo de mismo nombre. El de Big Black encaja pero lo cierto es que los BMX Bandits no tienen nada que ver con el punk o northern soul que gusta a los protagonistas de la novela.

martes, 20 de diciembre de 2016

Trentemøller- Fixion. Una crítica

Fixion es ya el cuarto trabajo de Anders Trentemøller. El músico y productor danés logró consolidar su nombre dentro de la electrónica con el segundo, Into the Great Wide Yonder, y en su anterior disco, Lost, viró hacia un rock electrónico con incursiones puntuales en el post-punk y kraut rock pero al que el muy elevado número de colaboradores dispersaba estilísticamente. En Fixion reduce los invitados, para lograr una mayor coherencia, a tan solo 3: Marie Fisker que repite, Lisbeth Frize (de Giana Factory a los que produjo su último trabajo) y en una demostración de puntería y buen gusto, Jenny Beth de las enormes Savages (de quien el mismo Trentemøller ha reconocido su fascinación hacia ella).

Fixion ya desde su portada, ofrece un ejercicio de estilo cubriendo su música con un manto oscuro, inquietante y melancólico que se ve potenciado por el paralelismo de las voces de sus cantantes. Transita sin titubeos por una gélida darkwave que nos transporta a los primeros años de la década de los ochenta, desde los atmosféricos teclados de la inicial One Eye Open, pasando por Never Fade, repleta de voces susurrantes dando lugar a una alucinada y muy cinematográfica canción que bien podría haber sido un enfermizo tema descartado de los años más oscuros de The Cure, de los que toman prestadas tanto las guitarras como el malsano ambiente que transmite. Redefine y Spinning nos recuerdan la bipolaridad de Siouxsie (o es Joy Division con voz femenina?) la ligereza pop de la primera se contrapone con la tenebrosidad de la segunda, dando lugar a una canción tan solemne como disfrutable en la que destaca la glacial interpretación vocal de Marie Frisker. Dentro de este grupo se hallan las dos mejores canciones del disco, que devora -más que canta- Jehny Beth: la deliciosa y arrebatadora Complicated y el muy efectivo primer single, River in me, un rompepistas total en que la voz de la cantante surfea sobre percusiones repetitivas e imaginativos sintetizadores llenos de ritmo que enloquecen la canción. Una barbaridad destinada a perdurar.


Para seguir con la línea marcada incluso los instrumentales se vuelven introspectivos y marcados por añejos sintetizadores y frías percusiones post- punk, como en Sinus donde el hipnótico ritmo marcial se adueña totalmente de la canción, Phoenicia, ensoñador tema de estructura krautrock y, especialmente, November, tema muy adecuado para una inquietante y angustiosa banda sonora de película de miedo. Destacar que el ambiente sombrío y la ensoñación que producen estos instrumentales les hacen idóneos para el cine.


El único momento en que el disco rompe con su contención, dejando de lado la mencionada River in me, lo hallamos en Circuits que con su ritmo arrollador debido a sus agresivas bases electrónicas nos recuerda a los Nine Inch Nails del Downward the Spiral. Para terminar el disco, reserva un caramelo, Where The Shadows Fall, un etéreo y melancólico tema en clave dream pop en el que canta por única vez Lisbet Fritze, que hasta este momento se limitaba a colaborar con cortantes bajos y cristalinas guitarras.


Trentemøller entrega con Fixion un disco magnífico, de largo recorrido, que mejora con las escuchas gracias a la gran cantidad de minimalistas arreglos y detalles que esconden sus canciones. Bebe sabiamente de maravillosas fuentes como The Cure, Joy Division, Siouxie & The Banshees, The Sound e incluso New Order sin ser una mera copia sino llevándolo perfectamente a su terreno y consiguiendo, como es habitual en él, un sonido impecable. También es elogiable el enorme gusto del danés al elegir a sus vocalistas, con unas Jehnny Beth y Marie Frisker en absoluto estado de gracia (las referencias a Siouxsie no son en absoluto gratuitas). Fixion posiblemente alejará a Trentemøller de las pistas de baile pero le alojará confortablemente en nuestros corazones y, de todos modos, ya habrá remixes que provocarán que gastemos suela con estas grandes canciones.

 RIVER IN ME

REDEFINE

COMPLICATED

 

FIXION EN SPOTI


jueves, 8 de diciembre de 2016

Martin Amis- Lionel Asbo (el estado de Inglaterra). Una crítica.

Tenía que elegir libro para que me acompañase en un largo viaje en tren. Consulto el estante de los libros de bolsillo y, allí, mirándome desde la portada, encuentro un tipo de parecido razonable con un Wayne Rooney desbocado mientras sujeta a dos pitsbulls. La elección fue realmente fácil: Lionel Asbo de Martin Amis.


Des Pepperdine es un joven de 15 años, huérfano de madre desde un par de años antes y sin padre conocido. Vive en un suburbio poblado de inmigrantes, con una enorme tasa de delincuencia y en que el que la inmensa mayoría de gente renunció hace muchísimo tiempo a sus sueños, aceptando su destino sin rechistar. Pero Des tiene muy claro que quiere estudiar y huir del camino marcado. Convive con él y le cuida, si es que ese es el término, el menor de sus tíos, Lionel Asbo (el Wayne Rooney de la portada), un tipo fornido y violento, un matón que se dedica a dar palizas y, entre otros trapicheos, a la reventa de objetos robados. Entre sus frecuentes estancias en cárceles intenta inocular educación –intentar sobrevivir sacando el máximo provecho de las situaciones- a su joven sobrino y pupilo.


Un par de años después y en una de sus estancias en la cárcel, Lionel rellena un boleto de lotería y le toca la nada desdeñable cantidad de 140 millones de libras. Al salir de la prisión, entra en una espiral despilfarradora, atrayendo a la prensa sensacionalista como consecuencia de sus descabellados actos ganándose el apodo de “El patán de la lotería” y convirtiéndose en el hazmerreír de todo el país. Mientras tanto, Des logra ir sacando adelante sus estudios. Poco a poco, Lionel se irá distanciando de Des e intentará refinarse y dejar de ser el patán de la lotería. Aunque, ¿conseguirá lograrlo por mucho que se rodee de personal competente, o nunca conseguirá reinventarse dejando de ser el buscabroncas arrogante que gastará todo el dinero?.


En la novela, Martin Amis utiliza frecuentemente un tono exagerado e irónico. El mismo Lionel es una caricatura de persona con poca capacidad de razonamiento que utiliza la violencia como recurso y está orgulloso de ello. Buena muestra de esta exageración es el cambio del apellido por ASBO (que vendría a traducirse como Denuncia por Comportamiento Anti-Social). Por ello, al lector se le dibuja una sonrisa irónica mientras asiste a las aventuras y desventuras de este lerdo agresivo con suerte. El uso de este tono y el personaje del protagonista, le empareja con los cáusticos y devastadores libros repletos de degradación y de humor soterrado del gran Irvine Welsh. El libro solo se atasca en una parte central lastrada por la insistencia en la descabellada relación amorosa de Lionel. El conjunto mejoraría si se hubiesen reducido 40-50 de sus 350 páginas. De todos modos, Lionel Asbo proporcionará unas horas de lectura divertida y satisfactoria.


El escritor se sirve de Lionel Asbo para reflejar una parte de la juventud inglesa; sin estudios, trabajo estable ni aspiraciones. Ante la falta de perspectivas, acaban dedicándose a la delincuencia de baja estofa recurriendo fácilmente a la violencia –perros peligrosos incluidos- para lograr reconocimiento. Por ampliación de campo de batalla, el libro refleja los suburbios de bloques de cemento repletos de inmigrantes, donde campan estos jóvenes con cierta impunidad. El libro también esconde un misil a la línea de flotación de los periódicos y revistas sensacionalistas por la atención que dispensan al Lionel millonario y cómo esperan, como buitres durantes horas, cualquier noticia escandalosa que les de un titular. También puede entenderse como una novela iniciática, ya que a pesar del título y de que el personaje principal sea el tío, todo esto no es más que, utilizando términos cinematográficos, un macguffin para hablar de Des -que es realmente el héroe de la novela-, y su constancia para escapar de la influencia y enseñanzas de Lionel. Nos muestra su confusión, miedos y temores al enfrentarse a la vida adulta así como su determinación reflejada perfectamente en esta frase: Lionel hablaba, Des escuchaba y hacía lo contrario.


Martin Amis consigue en Lionel Asbo un certero y mordaz retrato de una sociedad inglesa que se desmorona por la pérdida de una serie de valores que la juventud considera trasnochados, sustituyéndolos por la aspiración de la popularidad a cualquier precio. ¿Os suena? He dicho inglesa pero se podría aplicar a cualquier país occidental.

A pesar de que este libro pueda considerarse una obra menor, Martin Amis vuelve a demostrar que es un escritor referencial y sigue en racha, sus últimos libros –a pesar de abarcar temáticas muy distintas- son magníficos, consiguiendo una excelente madurez  como autor, logrando esa consistencia que se echaba de menos en sus obras iniciales. 

Martin Amis en la Wikipedia

Recomendación: 
Que el Manchester United eche a Mourinho. Qué vergüenza de juego con el equipazo que tiene.
Las Causas Perdidas de Neleonard.

Mientras escribía esta reseña he escuchado el magnífico Las Causas Perdidas de Neleonard que bebe del catálogo de Sarah Records para ofrecernos un disco delicioso. El recién publicado disco homónimo de Team Ghost, un auténtico misterio su escasa popularidad (cuando ofrecen mucho más que sus compatriotas M83) y el rasposo Steady Diet of Nothing de los capos Fugazi. Todo muy british, en un claro ejemplo de coherencia.