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domingo, 9 de octubre de 2016

Oliver Sacks- El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Una crítica.

Estando de vacaciones lejos de casa puede ocurrir que te quedes sin libro que leer. Eso es precisamente lo que me pasó este pasado verano, por lo que no tardé en entrar en una bonita librería. Librería en la que, como curiosidad, no tenían mesa con chillonas novedades y los libros estaban ordenados por editorial, consiguiendo un logrado efecto cromático (interesante tema de discusión, si los libros deben ordenarse por autor o por editorial). Después de un buen rato en que el Síndrome de Stendhal tomó el mando, finalmente recurrí a la siempre efectiva Colección Compactos de Anagrama para hacerme con un título de los que llama la atención: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero de Oliver Sacks.


No había leído nada del famoso neurólogo y divulgador y lo cierto es que tenía bastante curiosidad por introducirme en su obra aunque nunca encontraba el momento. Supongo que el contexto y la repercusión de su reciente defunción influyeron en mi decisión aunque también una cierta atracción hacia las disfunciones mentales.


En el libro, Oliver Sacks enumera y explica una veintena larga de casos con los que se ha ido encontrando durante su vida profesional. Desde el del paciente que da nombre al título hasta el de Ray, un hombre con tics tan continuados y violentos que condicionan totalmente su vida, pasando por Madeleine que tiene unas manos que no siente como suyas o por Los Gemelos, dos hermanos deficientes capaces de calcular en un instante en qué día de la semana caerá cualquier fecha que se les proponga. Nos presenta a Natasha, nonagenaria que a sus edades se vuelve lujuriosa aunque también a Jimmie, que treinta años después del final de la II Guerra Mundial sigue creyendo que sirve en la Marina dentro de esa contienda.


Cito estos sin ningún orden ni concierto pero podría enumerarlos todos, ya que cada uno es de ellos es –como poco- curioso cuando no aterrador. El enorme acierto de Oliver Sacks y su gran virtud estriba en que los detalla con un lenguaje inteligible sin perderse en vericuetos médicos, recurriendo a un lenguaje técnico sencillo y sin extenderse en exceso. Nos presenta los casos de sus pacientes desde una perspectiva muy humana, sin tratarlos en ningún momento como atracciones de feria –porque no lo son, lógicamente- y con sumo respeto tanto por ellos como por las tortuosidades de la mente humana. Además, no presenta curaciones milagrosas ni remedios infalibles sino que explica la evolución de la enfermedad y el tratamiento seguido, que no siempre funciona, y en muchos casos solo consigue paliar sus síntomas pero al menos mejora la vida del paciente.


Me ha convencido Oliver Sacks en el primer encuentro con sus escritos y reincidiré en otros. De todos modos, leer de forma seguida los 24 casos que expone el libro puede ser una tarea ardua provocando una cierta confusión entre todos ellos, por lo que sugeriría alternar la lectura de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero con otros libros para evitar al sensación de empacho que puede llegar a producir. 

Oliver Sacks en la Wikipedia


Recomendación: 
Atreverse con libros, llamémoslos así, diferentes. 
Nick Cave and the Bad Seeds, el pop destartalado de Hefner.

Mientras escribía esta reseña he escuchado el abrupto Gore de Deftones (por cierto, carrera ejemplar la de los americanos), el irregular por su propia naturaleza Boxing Hefner de los fantásticos Hefner y el abrumadoramente triste Skeleton Tree de Nick Cave and the Bad Seeds. 

domingo, 29 de noviembre de 2015

CÉSAR PÉREZ GELLIDA- DIES IRAE - CONSUMMATUM EST. Una Crítica.





Ya hace casi 2 años de la reseña de Memento Mori, el primer libro de la trilogía Versos, Canciones y Trocitos de Carne de César Pérez Gellida, y aunque me gustó mucho y que compré rápidamente los otros dos títulos– Dies Irae y Consummatum est-, no encontré el momento de leerlos como debe hacerse, seguidos.

Durante este tiempo la repercusión del autor ha crecido significativamente, hasta ser punta de lanza del éxito de la novísima novela negra española junto a Dolores Redondo con su trilogía de Baztán y los espléndidos libros de Víctor del Árbol, gracias al enorme éxito de Versos, Canciones y Trocitos de Carne, siendo calificado mayoritariamente como el Stieg Larsson español (estrategias publicitarias de la editorial) e incluso, ya ha publicado una nueva novela titulada Khimera. 

Dies Irae sitúa la acción en diferentes puntos de Europa. Por un lado Valladolid, donde Ramiro Sancho lleva unos meses desnortado y totalmente obsesionado con el caso de Augusto, hasta el punto de solicitar una excedencia para recuperarse, aunque realmente su objetivo es seguir investigando sin ataduras. Por otro, Belgrado, donde Carapocha y su hija, Erika, -a la que se ha acercado muchísimo en los últimos tiempos- se dedican a perseguir criminales que no pueden ser detenidos por vías –digámoslo así- habituales. Y para finalizar la italiana Trieste, lugar al que se ha desplazado Augusto inspirado por James Joyce. En esta ciudad tarda poco en volver a asesinar y gracias a la prensa internacional, Carapocha reconoce fácilmente su firma y avisa al Inspector Sancho de la reaparición del sociópata.
 
Mientras Augusto recupera y persevera en sus actos, Ramiro va siguiendo sus pasos- siempre muy por detrás-, y Carapocha y su hija buscan al culpable de la matanza de Srebenica en la Guerra de los Balcanes, por motivos universales y particulares. Los universales son de sobra conocidos, los particulares por considerarle culpable de la muerte de su esposa y madre respectivamente.

Crecido por la perfección e impunidad de sus actos, Augusto se siente reforzado e incrementa las aportaciones a su obra (tal y como Augusto llama a su colección de asesinatos), hasta el punto de desplazarse por diferentes puntos de Europa, llegando hasta Islandia donde ajusta cuentas pendientes con viejos enemigos, y por varias ciudades de Europa Central con la excusa de seguir la gira del grupo musical Rammstein.

Ante la estela de cadáveres, la Interpol toma cartas en el asunto y crea una unidad especial, una suerte de Liga de Hombres Extraordinarios conformada por Carapocha, Ramiro Sancho, Gracia Galo (inspectora de policía de Trieste) y Ólafur Olafsson (comisario islandés) para que unan sus esfuerzos para capturarlo. Augusto seguirá tan escurridizo y perfeccionista como siempre, aunque sin poder ni querer evitar incrementar su obra y, como buen narcisista ansioso de reconocimiento, dejará su sello en cada uno de los crímenes y consiguirá llevar siempre ventaja a sus desconcertados perseguidores.

Podemos diferenciar entre los dos libros, mientras en Dias Irae se incide más en la parte psicológica (conocemos más a Augusto y la evolución de su mente hasta dar el paso y convertirse en un asesino, el pasado de Carapocha y sus relaciones personales, y la situación al límite del Inspector Sancho) y en el desarrollo de las situaciones, en Consummatum est la concatenación de situaciones plasmadas por el autor y el atisbo de su posible resolución, provoca que el lector entre en una montaña rusa de sensaciones y devore las páginas del libro acrecentándose la sensación de ritmo y acción frenética, llevando al lector a desear terminar el libro para saber quien ganará: el bien o el mal. ¿O habrá alguna nueva sorpresa al final?. César Pérez Gellida nos muestra un excelente dominio de cómo encauzar la acción hacia un final trepidante.

El escritor ha creado unos personajes magníficamente dibujados: Augusto sigue siendo el mismo hedonista refinado del primer libro avanzando enloquecido por el asfalto de un camino sembrado de muerte, esperanzado en conseguir la eternidad gracias a la repercusión de su obra. Ramiro Sancho, en zozobra continua y superado por la situación tanto a nivel profesional como personal –que por la actuación del asesino se interrelacionan fácilmente-, convirtiéndose la búsqueda del sociópata en su motivación vital. Carapocha y sus múltiples capas que envuelven al frío especialista en psycho killers, al padre protector y al vengador justiciero entre otros. La inspectora Gracia Galo con su total dedicación al trabajo, hecho que le da seguridad ante el vértigo que le produce cualquier decisión en su ámbito personal. Olafur… y su alcoholismo autodestructivo para encubrir su fracaso a nivel humano. Erika, tan enferma como dura; vulnerabilidad revestida de acero.

También quería destacar el magnífico trabajo de documentación llevado a cabo por el escritor, especialmente reflejado en las referencias hacia la guerra de los Balcanes. El resultado es francamente brillante, aportando luces a unos hechos que permanecen oscurecidos en la conciencia colectiva europea. 

Al igual que en Memento Mori, las referencias tanto a clásicos de la literatura universal como musicales son constantes, dando –en esta ocasión- nombre a los capítulos canciones tanto de Love of Lesbian como de Vetusta Morla. A quien no le guste la música simplemente obviará estas referencias pero su elección ayuda a comprender a Augusto y sus estados de ánimo. Aunque, pequeña crítica, por un lado, tanta música actual referencia el libro a un momento demasiado concreto y por otro, un personaje de gusto tan refinado como Augusto no admiraría a un grupo tan superficial como Vetusta Morla.

Como ya comenté anteriormente, a pesar de que se compare a César Pérez Gellida con Stieg Larsson, Augusto Ledesma recuerda poderosamente al Patrick Bateman de Bret Easton Ellis –técnica quirúrgica con perfección en su ejecución, gustos refinados, presentes referentes musicales- o incluso tiene mayor similitud con Jo Nesbö que con el citado autor sueco, aunque contra las estrategias de marketing difícilmente se puede luchar.

Que a nadie le asuste el tamaño de los libros, uno se sorprende de la rapidez con que se lee. La adicción provoca velocidad de lectura y esta trilogía es una demostración palpable de ello. Leer Versos, Canciones y Trocitos de Carne conllevará horas robadas al sueño pero compensa sobradamente con oleadas de frenesí y aullidos desenfrenados de gozo.

OTRAS RESEÑAS DEL AUTOR:
SARNA CON GUSTO

CÉSAR PÉREZ GELLIDA EN LA WIKIPEDIA:

RECOMENDACIÓN:
Evidentemente la trilogía Versos, Canciones y Trocitos de Carne así como acercarse sin miedo a las nuevas voces de la novela negra española: Víctor del Árbol, Dolores Redondo, Alexis Ravelo, Susana Hernández e incluso Carlos Zanón, entre otros.

Mientras escribía esta reseña escuché el muy oscuro Mirror Being de The KVB (banda sonora ideal de película de terror psicológico), el delicioso No son tu Marido de Hazte Lapón, el sorprendentemente bueno Wire de Wire así como el ensoñador Regiones Devastadas de Blacanova.

SPOTI VERSOS, CANCIONES Y TROCITOS DE CARNE CREADO POR SU AUTOR