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miércoles, 6 de enero de 2016

Steve Tesich- Karoo. Una crítica





Reconozco que compré Karoo al ver su bonita portada, el dibujo de un tipo despeinado, sin afeitar y con las gafas rotas que te mira directamente mientras está sentado sobre un montón de libretas desparramadas, asomando entre ellas un cerebro, un corazón y una botella de whisky. Ese aire desafiante a la par que desvalido me conquistó. En la contraportada se indica que Steve Tesich fue guionista de cine y que falleció sin ver publicada su novela. Ésta se publicó de póstumamente y obtuvo el éxito varios años después hasta convertirse en una novela de culto con aura de libro muy divertido. ¿Les suena? Exacto, el paralelismo con La Conjura de los Necios es evidente.



Doc Karoo es un reputado reescritor cinematográfico, un reparador de guiones ajenos, corrige y poda toda arista y signo de originalidad para amoldarlos a la fórmula de éxito hollywoodiense, sacrificando talento ajeno en aras de éxito económico. El dilema moral queda sepultado bajo las enormes cantidades de dinero que le pagan por su trabajo. Su profesión le ha ayudado a convertirse en un cínico egoísta, un mentiroso impenitente que bajo su trabajada careta y a base de años, se blinda del mundo exterior sin querer a nadie hasta el punto de evitar la relación con su propio hijo.



Este vida sin emociones se ve alterada con motivo de la reconstrucción (destrozo sería la palabra correcta) de la última película de un veterano y venerado director de cine. Mientras la está viendo, Karoo tiene una corazonada que se transformará en certeza y en un arrebato de humanidad se lanza cuesta abajo a luchar por un sueño, una ilusión, una utopía que, por primera vez en muchos años, pueda mejorar la vida de alguien ajeno. Conseguirlo repercutirá favorablemente en su propia vida, hasta el punto de entroncar con su pasado y reparar viejos errores, dando lugar a un nuevo y encantador Karoo. ¿Pero podrá este Ave Fénix adaptarse a su nuevo y feliz día a día después de tanto tiempo?.



El libro se estructura en 3 partes. En la primera, el protagonista naufraga por New York mostrando todo el repertorio de tics del personaje que él mismo se ha creado. La suma de anécdotas y situaciones ridículas tendría que ser humorística pero lo cierto es que las 150 páginas de exhibición impúdica se convierten en una lectura pesada y farragosa. En la segunda parte- el renacido Karoo- la ilusión llena las páginas, el ritmo narrativo aumenta mientras asistimos a una explosión de sentimientos. Con ello la lectura se vuelve fácil y adictiva aunque el lector empieza discernir negros nubarrones sobre el horizonte, nubarrones que el protagonista ni tan solo intuye. En la tercera parte del libro, las nubes se convierten en diluvio. El tono se ensombrece y ralentiza, el uso de la tercera persona sustituye la voz de Karoo provocando que la narración se vuelva neutra y tome distancia, potenciada por el uso de imágenes surrealistas que nos llevan al desenlace final. Esta tercera parte torpedea el vuelo que había alcanzado la narración y desconecta ligeramente al lector de la historia.



Steve Tesich fue guionista de cine y en esta obra lanza una durísima crítica contra la industria cinematográfica al reflejar el materialismo de un mundo que no duda a devorar a sus integrantes –y su talento- en pos de una mayor recaudación económica para seguir alimentando el engranaje. La certera descripción de su profesión, la hipocresía y banalidad de las relaciones entre los integrantes del mundo del cine y, especialmente, la descripción y comportamiento del productor exitoso son clarísimos cartuchos de dinamita contra la industria.



Karoo es un libro entretenido. Destaca en el conocimiento y descripción de los ambientes propios de la industria aunque le lastra una cierta tendencia a alargar demasiado las situaciones. De todos modos, el problema principal de la novela estriba en las expectativas creadas: comparar cualquier libro con La Conjura de los Necios puede servir como argumento de venta pero difícilmente el libro en cuestión resistirá la comparación. Los momentos humorístiscos escasean (de hecho, el tono trágico está muy presente), el absurdo no aparece ya que ha sido vencido por el cinismo y Doc Karoo deambula y naufraga en su vida por elección propia mientras que Ignatius J. Reilly no tiene opción, es un cretino redomado que funciona al ritmo de sus neurosis.

La contraportada dice que Karoo es uno de las mejores novelas de los últimos cincuenta años, desde aquí no secundamos –ni de lejos- esta idea aunque acercarse a ella sin expectativas seguro que conllevará una lectura gratificante.

Steve Tesich en la Wikipedia
Steve Tesich

Recomendación: 
Dejarse aconsejar pero también cuestionar las portadas, contraportadas y solapas de los libros que leemos.
Sin ninguna duda: The Meaning of 8 y Feel Good Ghosts de Cloud Cult.

Durante la escritura de esta reseña escuché ese terremoto de corta duración pero largo alcance titulado Año Santo de Triángulo de Amor Bizarro, posiblemente uno de los grupos más importantes del rock en nuestro país en los últimos años. También me dejé mecer por la obra de arte de ir por casa que es The Meaning of 8 de los orfebres Cloud Cult.

jueves, 3 de abril de 2014

Ron McLarty- Una Historia en Bicicleta


Reconozco que elegí este libro por la portada. En mi última visita a la biblioteca me llamó la atención esa portada roja, con un camino dibujado con trazos infantiles conteniendo un ciclista y unos plátanos. Una Historia en Bicicleta, de Ron McLarty, ni idea ni del libro ni del autor.


El libro nos habla de Smithy Ide, un hombre de 43 años que pesa 126 kilos, es supervisor de una fábrica de juguetes (principalmente se dedica a verificar que las manos y pies de los muñecos no intercambien sus posiciones) y sus principales aficiones son comer galletas saladas y comida rápida así como beber cantidades ingentes de cerveza y vodka con naranja mientras intenta no hacer nada en absoluto.


En un inicio trepidante, se describe el accidente de automóvil en el que fallecen los padres de Smithy. Al volver a casa, en un estado confuso mezcla de cansancio y ebriedad, redescubre su querida bicicleta de la infancia, se sube a ella y no se bajará hasta que llegue al final del camino; Los Ángeles. Solo un pequeño inconveniente, la acción se desarrolla en Providence (Rhode Island) – costa Este de los USA- y Los Ángeles está a unos 4.700 kilómetros (según acabo de consultar en la Biblia de hoy en día –Google-).


Ron McLarty nos narra en capítulos alternos el presente del viaje, con las peripecias que le ocurren a nuestro protagonista, y el pasado de Smithy que nos muestra los porqués de su situación actual de indolencia. A pesar de sus 43 años, éste no deja de ser un viaje iniciático. Nuestro protagonista se había dejado llevar conformándose con su rutina de vida encerrada en sí mismo y sin haber superado sus propios fantasmas. El viaje en bicicleta hace que tenga un misión, un propósito (ir haciendo kilómetros sin limitación) y mientras avanza este viaje, Smithy, descubre con satisfacción que pierde peso y, especialmente, que es capaz de conocer gente nueva, retomar lazos que creía rotos y salir airoso de situaciones imprevistas. Sin darse cuenta el viaje se convierte en una búsqueda. La búsqueda de sí mismo, y la aceptación del peso del pasado como parte de uno mismo.


La lectura del libro es sencillamente deliciosa, como lector he devorado los capítulos casi como Smithy lo hacía con los kilómetros. La estructura del libro le da un cierto aire bipolar. Los capítulos referidos al presente son ilusionantes y mayormente optimistas siguiendo al ciclista en las peripecias que se encuentra en su camino. Los que hablan del  pasado del protagonista son muchos más sombríos y en muchos casos, como lector, se te encoge el corazón ante la inminencia de la catástrofe.


Ron McLarty elige que Smithy sea un personaje sencillo, nada pretencioso e incluso retraído. Esta característica hace que nos caiga bien de inmediato. La acción fluye suavemente y con naturalidad. Un gran acierto del autor es que no deja que el tono agradable del libro se torne en demasiado almibarado y sentimental, hecho que hubiese arruinado su lectura. Una Historia en Bicicleta es un canto a las nuevas oportunidades, a la evolución personal y la aceptación de los errores. La descripción de los efectos de la enfermedad mental en una familia es sencillamente devastadora, los capítulos dedicados a su hermana, Bethany, son sobrecogedores y de una tristeza latente como claro reflejo de la pesadilla que describen.


Durante el transcurrir de la novela vienen a la cabeza nombres como Jack Kerouack, Ignatius J. Reilly y Holden Cauldfield y, aunque sea de refilón, recordar esos nombres habla muy bien de este libro.

Ron McLarty en la Wikipedia

Recomendación: 

Visitar bibilotecas y elegir libros desconocidos. Puedes equivocarte pero seguro que encontrarás tesoros.
Mientras escribía esta reseña he escuchado a los novedosos Eagulls y me regocijé al escuchar el nuevo disco de los Afghan Whigs, Do the Beast, con un Greg Dully que es uno de los mejores cantantes del rock'n'roll.