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domingo, 15 de enero de 2017

Pierre Lemaitre- Nos vemos allá arriba. Una crítica




Pierre Lemaitre se dio a conocer por la serie del comisario Verhoeven y alguna otra novela negra como Vestido de Novia. En la que casi podríamos calificar como su primera obra fuera del género noir, Nos vemos allá arriba, ganó en 2013 ni más ni menos que el Premio Goncourt, prestigioso premio que otorga una retribución anecdótica pero asegura una cifra de ventas que catapulta a la popularidad definitiva.
La acción se sitúa en los primeros días de noviembre de 1918 y mientras los rumores del armisticio, y con ello el final de la I Guerra Mundial, empiezan a llegar al frente, la ambición del teniente d’Aulnay- Pradelle provoca un estúpido ataque contra las líneas enemigas en el que acaban siendo heridos en circunstancias poco claras tanto Albert Maillard como Édouard Péricourt. El hecho de que, antes de caer gravemente herido, Péricourt salve la vida a Maillard, les unirá con un lazo de invisible fidelidad imperecedera que provocará que no se separen ni un momento hasta que el herido abandone el campamento con destino a una clínica donde poder recibir tratamiento y así recuperarse.
Una vez terminada la guerra Maillard logra dar con Péricourt. Ante las graves secuelas de su herida que le provocan una gran deformación facial y otros problemas familiares, este último decide renunciar a sus orígenes e iniciar una nueva vida convirtiéndose Maillard en su fiel escudero. Por otra parte, Pradelle valiéndose de los réditos conseguidos como héroe de guerra, logra posicionarse en la alta sociedad parisina. Tanto el arribista y ambicioso exteniente como sus antiguos subordinados tratarán, cada uno en su ámbito y por separado, de aprovechar las oportunidades de negocios generadas por los homenajes a los caídos en la contienda para tratar de conseguir riqueza y resolver sus vidas. Solo tienen un pequeño inconveniente, no tienen capital para invertir. A pesar de ello, a base de ambición Pradelle y de picaresca e ingenio, los heridos, intentarán conseguir sus propósitos aunque sea a costa de estafar a todo un país.
En anteriores novelas del autor, éste nos había parecido ligeramente tramposo por el hecho de ocultar información al lector, información muy importante ya que era la que explicaba el errático comportamiento de los personajes. Esto no ocurre en absoluto en Nos vemos allá arriba. En ella, Pierre Lemaitre ofrece un gran relato tanto cuando habla de la I Guerra Mundial como cuando lo hace de la Francia de posguerra. Describe a la perfección la alienación de los soldados dentro de un regimiento, así como la sociedad de 1920 que recibe a unos excombatiente que ya no encajan en ella. También el ambiente de la lujosa alta sociedad junto con el malvivir en las calles de los desheredados. La narración tiene mucha fuerza y vigor, es ambiciosa por todo lo que abarca y está llena de detalles que ayudan a situar al lector y hacerle seguir muy de cerca la acción. Los personajes son muy potentes y su perfil psicológico está perfectamente descrito: la codicia y falta de escrúpulos del aristócrata venido a menos Henri d’Aulney- Pradelle dispuesto a cualquier cosa con tal de trepar en la alta sociedad, la bondad y subordinación del pusilánime Albert Maillard, la sensibilidad artística y testarudez de Édouard Péricourt a quien el rechazo de su padre  le hace renegar de sus apellidos y con ello, de su adinerada familia. Pero no solo los principales, el resto de personajes que transitan por las páginas de la novela están espléndidamente configurados. Desde aquí preferimos las páginas que narran las intrigas del arrogante trepa Pradelle y la aparición de alguno de los potentes secundarios, como el singular justiciero Joseph Merlin, ya que tanto la blandura de Albert como el resentimiento estúpido de Édouard igual se merece un par de collejas bien dadas ya que su comportamiento, por momentos, ralentiza el ritmo de la narración. Las tramas y subtramas están perfectamente enhebradas y se cruzan y entrecruzan continuamente logrando mantener la tensión y la atención hasta la última página. Al finalizar el libro vemos que tiene 439 páginas pero han ocurrido tantas cosas que da la impresión de que se hayan leído muchas más.
Nos vemos allá arriba es un claro alegato antibelicista denunciando la inutilidad de las contiendas que solo arrojan pérdidas de víctimas humanas para no conseguir nada tangible en la mayoría de las ocasiones. Pone de manifiesto el egoísmo humano que no duda en sacrificar vidas de semejantes con tal de conseguir sus propios propósitos, si esto se ve un contexto tan peculiar como una guerra cómo no va a producirse posteriormente en los negocios cuando la finalidad es enriquecerse sin medida. Entre sus páginas también se refleja la dificultad de adaptarse de nuevo a la sociedad por parte de los combatientes que han regresado del frente, una sociedad que les recibe como héroes, pero donde –en muchos casos- ya no tienen cabida y el sentimiento de culpabilidad de esta misma sociedad hacia los caídos en la confrontación traducida en grandes y fastuosos homenajes. La diferencia de clases está plasmada en la diferencia entre los lujosos salones que pisa Pradelle y los cuchitriles sitos en barrios desfavorecidos donde habitan los dos amigos. Todo esto está relatado con abundante cinismo y humor negro, aún a pesar de tratar temas tan solemnes e intocables como la gloria nacional, el patriotismo y el homenaje a los caídos.
Pierre Lemaitre ha escrito un libro magnífico, un libro que rápidamente ha obtenido aroma de clásico. Nos vemos allá arriba es un relato excelente sobre el egoísmo y la miserable condición humana en el entorno de la reconstrucción, tanto física como moral, de un país descubriendo los turbios y lucrativos negocios generados por la construcción de cementerios para poder enterrar con dignidad a las víctimas de la guerra. Sobre sus páginas iniciales planea la sombra de Senderos de Gloria de Stanley Kubrick y en el resto de la historia se pueden apreciar rastros de la causticidad de Céline y, utilizando el recurso fácil, por la procedencia del autor de Balzac, Zola y Alejandro Dumas.

Otras Reseñas de Pierre Lemaitre:
ALEX 
Pierre Lemaitre en la Wikipedia

Recomendación: 
Leer este libro, sin duda. Si se quiere seguir con el autor conseguir la colección del comisario Verhoeven pero empezando por Irene, importante abrirla por el inicio.
Dejarse guiar por el palmarés del Goncourt, posiblemente el premio literario más atinado que existe.
Mientras escribía esta reseña he escuchado el delicioso When you need me the most de Alpaca Sports, el digno Here de los incombustibles Teenage Fan Club y la bomba sónica llamada Poderosa de los sorprendentes El lado oscuro de la broca.

domingo, 3 de mayo de 2015

Pierre Lemaitre- ALEX. Una crítica.

En Urano no acostumbramos a confiar demasiado en los grandes premios literarios. Creo que la pregunta ¿cuánto puede llegar a vender este autor? es la premisa más importante a la hora de concederlo (no, no hace falta dar nombres creo que está muy claro de qué hablo) pero existe uno en el que confiamos ciegamente: el Premio Goncourt. Los últimos años hemos leído Las Benévolas de Jonathan Littell y La Verdad sobre el caso Harry Quebert de Joël Dicker y nos han parecido libros espléndidos. Cuando el año pasado concedieron el galardón a Pierre Lemaitre por Nos vemos allá arriba, apuntamos su nombre con letras mayúsculas.

La intención era conseguir este libro pero una pequeña confusión fonética hizo que me quedase con las ganas, por tanto cuando en la Biblioteca Pública, en el estante de Últimas Adquisiciones, descubrí ALEX del mismo autor no dudé ni un momento en llevármelo a casa y leerlo con rapidez.

El libro, lógicamente, nos habla de Alex, una joven extremadamente guapa, insegura y voluble a la que le gusta ponerse pelucas para distanciarse de ella misma. Alex lleva unos días encontrándose repetidamente con la presencia de un hombre mayor que ella. ¿Será un pretendiente tímido?. Una noche, al volver andando a su casa, una furgoneta se sube a la acera y acorrala a la chica contra la pared, de ella sale su perseguidor, la golpea, ella se desvanece y su agresor la introduce en la furgoneta. Secuestrada.

Alex se despierta en una desolada nave industrial. Su secuestrador la contempla con una terrible mueca de desprecio en la cara y le ordena que se desnude y se introduzca en una caja de madera en la que apenas cabe. Una vez dentro, la incorpora y entonces se da cuenta de que no es una caja sino una jaula. Empieza a notar unos tirones procedentes de una polea y poco a poco, la jaula queda suspendida unos metros sobre el suelo.

A partir de ese momento el libro nos narra su lucha por sobrevivir. Dentro de una jaula de madera en la que casi no cabe por lo que debe adoptar posturas que van socavando sus músculos, alimentándose con comida para animales y empezando a notar una nueva amenaza: las ratas que atraídas por el olor de la comida y por el propio hedor y suciedad de la muchacha, empiezan a frecuentar la jaula desde las vigas situadas cerca del techo. Hasta que un día el secuestrador deja de acudir a alimentarla y disfrutar con sus padecimientos. Alex se debilita rápidamente mientras las ratas cada vez son más numerosas y osadas, acercándose más y más.

A pesar de la importancia del secuestro, no es el núcleo del libro ya que la historia se divide en tres partes. Alex consigue liberarse (y esto será lo único que desvelaré de la novela) y cuando la policía logra encontrar el lugar –existe una investigación porque un transeúnte contempló el momento de la agresión, contempla con desazón que ha llegado tarde y la chica secuestrada ha desaparecido.

Entonces surgen la preguntas. ¿Por qué una chica joven y atractiva que ha sido secuestrada no presenta ningún tipo de denuncia? ¿Qué oculta que le impide hacerlo?. Esto es lo que se pregunta insistentemente el comandante Camille Verhoeven, encargado de la investigación –hundido moralmente por el secuestro y muerte su esposa ocurrido un año antes- con la limitación de su estatura, 145 centímetros, suplidos por una perseverancia encomiable y una adustez destacable en su carácter.

La respuesta a estas preguntas está en las dos partes restantes del libro. La policía la busca, desconcertada, siguiendo el rastro de Alex y sus actuaciones, siempre con la sensación de que va muy por delante y que puede que no consigan encontrarla nunca salvo que la joven quiera.

ALEX puede calificarse como novela negra, thriller y novela de investigación. A pesar de su muy impactante y duro punto de partida , nos equivocaremos si nos quedamos solo con él. Lo más importante de la historia es su protagonista. Su comportamiento errático y caprichoso puede parecer desconcertante pero en un encaje de piezas hitchcokiano todo acaba encajando y justificando todas sus actuaciones.

Pierre Lemaitre escribe muy bien, describe y detalla perfectamente todas las situaciones y consigue que queramos a la protagonista y que suframos con ella mientras está dentro de la jaula y nos desesperemos al no comprender la injusticia de su secuestro. El escritor es un mago que lleva al lector al terreno que quiere, desconcertándole totalmente y el lector asiste atónito a los imprevisibles actos de Alex sin poder ni querer entenderlos o justificarlos. 

Al final, en la tercera parte del libro, el escritor enhebrará un ponzoñoso hilo invisible que unirá y correlacionará todos los movimientos de Alex dotándolos de un amargo sentido y sorprendiendo al desprevenido lector.

A pesar de reconocer la fuerza del arranque del libro y la maestría del escritor, ALEX no ha cubierto las expectativas. Es un buen libro pero lo errático del comportamiento de la muchacha provoca la pérdida de empatía con ella y poco a poco deja de importarnos lo que le suceda y eso nunca es bueno en un protagonista. También el personaje del policía Camille Verhoeven no nos resulta del todo creíble aunque esto último igual solo es una interpretación personal. ALEX tiene cosas positivas pero el ensamblaje de la historia nos ha parecido demasiado forzada.

OTRAS RESEÑAS DEL AUTOR:

Pierre Lemaitre en la Wikipedia
Recomendación: 
Leer ràpidamente Nos vemos allá arriba y seguir de cerca a este autor. 

Durante esta reseña escuché el notable IF de Neuman, el abrasivo AAAA de Belako y el elegante A Silente Language de Megaphone ou la Mort (vale la pena descubrir este grupo o la banda que han formado varios de sus miembros, Le Garçon Rêvé).