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viernes, 16 de agosto de 2019

ALAN HOLLINGHURST - EL CASO SPARSHOLT

En la pasada Diada de Sant Jordi me regalaron El Caso Sparsholt de Alan Hollinghurst, libro que había ojeado con anterioridad y del que recordaba la imposibilidad de deletrear correctamente el apellido del escritor, así como el hecho de estar editado dentro de Panorama de Narrativas de Anagrama, siempre con títulos de buena literatura británica.

El libro se divide en cinco relatos. El primero de ellos se sitúa en 1940, durante el Blitz. A un college de Oxford llegan de manera provisional alumnos de otras facultades huyendo de los bombardeos. Uno de ellos, David Sparsholt, crea mucha expectación por su juventud, figura atlética y determinación, logrando introducirse en los círculos más bohemios e intelectuales del collegue, formado por jóvenes aspirantes a literatos y pintores.

El citado David Sparsholt es la figura vertebradora de los relatos, situándose en periodos temporales diferentes separados por unos, aproximadamente, quince-veinte años entre cada uno. En alguno de ellos el protagonista es el mismo Sparsholt, en otros el círculo de amistades que conoció en Oxford y sus progresos en las artes, en los últimos la presencia de su hijo -inicialmente aspirante a pintor- es la predominante, pero siempre con la magnética referencia de su padre presente en segundo plano.

Tras esta estructura dividida en diferentes relatos lo que realmente quiere mostrar el autor es la evolución de la homosexualidad en este período, ya que la mayoría de los personajes de El Caso Sparsholt son abiertamente homosexuales, y como la sociedad la acepta o la rechaza.

Y precisamente aquí, en lo que tendría que ser su principal atractivo, es donde la novela se desmorona claramente. El ambiente en el que se mueven los personajes es totalmente elitista: jóvenes de buena familia, bohemios, artistas consagrados. En lugar de sacar el bisturí y diseccionar la sociedad británica, el libro se limita a explicar como una serie de niños bien snobs culturetas se dedican a vivir su sexualidad sin salir de su burbuja. El único momento de cierta repercusión social, de ruptura del confort grupal, se da con el escándalo que titula la obra, pero tampoco se entra en demasiado detalle, quedando tan solo como una bruma lejana.

Mi impresión es que Hollinghurst desperdicia la oportunidad de analizar la evolución de la homosexualidad en la sociedad británica en los últimos setenta años (que es el período que recorren los relatos) y el cambio de percepción que se tiene sobre ella. Del estigma y la ocultación de los años cuarenta a la relativa normalidad (como tendría que ser) actual. En el único cambio en que se recrea el escritor, es en las formas de ligar en las discotecas gay, para lo que ocupa páginas y más páginas que aportan bien poco. Los personajes tienen poca hondura, se limitan a deambular por las historias sin incidir en las motivaciones de sus comportamientos y cayendo en muchos estereotipos.

A esta cierta sensación de falta de atrevimiento en su planteamiento le podemos sumar una narración más centrada en la anécdota y en la pulsión sexual de los personajes que en llevar la historia hacia algún sitio. Ante esto, El caso Sparholt, de Alan Hollinghurst, acaba convirtiéndose en poco más que un culebrón entre mullidas moquetas, obras de arte y sexo intempestivo.

En la contraportada se califica a la novela de ambiciosa, desde aquí pensamos que es absolutamente todo lo contrario. No perdáis el tiempo con ella.


Recomendación: 
Seguir buscando tesoros en Panorama de Narrativas, aunque de los últimos leídos solo salvo Serotonina. El próximo a asegurar con Irvine Welsh. 
Durante la redacción de esta reseña escuché el preciosista post-punk de los italianos Secret Sight y su disco Shared Loneliness, la oscuridad a golpe de bombo de Night Haze y su Love is Chaos y el atractivo Spectacle 1 de Push Buttom Press, todo ello muy post-punk.

viernes, 31 de mayo de 2019

MICHEL HOULLEBECQ - SEROTONINA. Una crítica


En la Diada de Sant Jordi llevaba una lista con los libros que quería comprar. Experiencia, sentido común o simplemente no quedarme colapsado ante tanta oferta. En ella, uno de los valores más firmes era Serotonina de Michel Houllebecq. Lo cierto es que las experiencias previas con el escritor de la isla de Reunión fueron bien diferentes; encantado con Plataforma y decepcionado con La Posibilidad de una Isla. Las Partículas Elementales quedarían en un término medio. Ante esto, Serotonina era una buena oportunidad para reevaluar mis sensaciones con el galo.


Florent-Claude es un burgués de 46 años y está deprimido, triste y desesperanzado. No vive sino que deambula por su existencia. Mantiene una relación con una chica 20 años más joven que él por la que ya tan solo siente indiferencia, hasta el punto de que su presencia le molesta. Toda esta desazón no la mejora el consumo de un nuevo y potente antidepresivo, llamado Captorix (más potente que el omnipresente Prozac y similares), que le provoca impotencia y desaparición del deseo renunciando así al sexo que había sido uno de los poderosos motores de su vida.


Al regreso de una semana de hastiadas vacaciones con su pareja decide dejar atrás su vida y volatilizarse (ya lo decían Los Planetas; si te esfuerzas, puedes desaparecer). Se despide de su trabajo y ya no regresa a su piso sino que se hospeda en un hotel sin informar a nadie. Su nueva rutina consiste en dar paseos por los alrededores y recordar su pasado, especialmente sus escasos amigos y sus fracasadas relaciones de pareja y lamentarse por ello, hasta el punto de intentar recuperar alguna de ellas aunque en su lamentable estado, no deja de ser una evidente utopía.


En Serotonina, el lector acompaña el deambular errático de Florent- Claude. Es oyente de sus fracasadas relaciones amorosas que relata con distanciamiento, testigo de unas inquietudes que mueren casi antes mismo de nacer y acompañante de unos recorridos estériles y sin ninguna finalidad. No es una novela fácil de leer, más bien todo lo contrario; es opresiva y transmite pesadumbre y desesperanza siendo el paralelismo con el estado de ánimo del protagonista más que evidente. Este es precisamente el gran mérito de la escritura de Houllebecq, refleja perfectamente la apatía de Florent-Claude en el desarrollo de la novela que, por momentos, parece que no avance, que no lleve a ningún sitio, exactamente igual que su vida. A pesar de lo dicho, también cuenta con momentos francamente desternillantes; especialmente la descripción de las explícitas escenas sexuales.


Tratándose del francés esperamos que su afilado bisturí diseccione sin piedad y Serotonina no es ninguna excepción. En primer lugar y a pesar de una aparente indulgencia contra el protagonista por tratarse de un hombre enfermo, no deja de mostrarle como un ser extremadamente egoísta y muy machista. Solo piensa en él y se lamenta de sus fallidas relaciones anteriores, pero no por ellas, sino por la vida que él hubiese podido tener. También arremete contra el esnobismo de una clase social media alta y el vacío que envuelve su existencia y que tratar de llenar con novedades. También es ampliamente cuestionada la política agraria y ganadera de la Unión Europea, reflejada pormenorizadamente en el personaje de Aymeric y sus esfuerzos y dificultades para mantener a flote su explotación vacuna ante la política de cuotas lácteas. Por último y más evidente, la crítica a una sociedad occidental dispuesta a adormecerse con calmantes y antidepresivas con tal de no aceptar las frustraciones y rutinas de la vida diaria, tan alejada de los ideales que triunfan en nuestra globalizada sociedad que estimula unos ideales de éxito fácil, rápido y continuado.


Serotonina nos muestra a un Michel Houllebecq sagaz y afilado. Si el lector entra en el juego de acompañar a Florent-Claude y buscar el fondo, obtendrá una recompensa en forma de novela interesante, bien escrita y con lúcidas reflexiones. Si se queda con la forma, posiblemente la encontrará dificultosa y poco gratificante. En Urano nos decidimos por la primera opción y tenemos claro que acertamos.  


Michel Houllebecq en la Wikipedia

Recomendación: 
Ir a comprar libros con una lista previa. La autoexigencia.
Mientras escribía esta reseña escuché el injustamente olvidado Suenacuento de Ceclia Ann (banda recomendadísima), el magnífico Ezlekuak de los totémicos Lisabö (posiblemente la mejor banda actual de post-hardcore del mundo) así como Pressure Points, el magnífico segundo disco de los holandeses Palais Ideal. 


lunes, 15 de abril de 2019

Adam Thirlwell- Estridente y dulce. Una crítica

En la última expedición a la biblioteca de mi ciudad elegí sin dudar una novela que tenía apuntada desde hace tiempo; Estridente y dulce de Adam Thirlwell. Principalmente por la llamativa ilustración de la portada (de Elise Delarue) y su atractiva sinopsis.

El protagonista se despierta junto a su amante en la habitación de un hotel y ella no solo no reacciona, sino que su cabeza está posada sobre una mancha de sangre. Ahora qué? Pedir ayuda y que todo el mundo se entere de que tiene una amante? Dejarla sola? Intentar solucionarlo sin llamar la atención?. No parece haber solución fácil.

Esta escena es tan solo el momento inicial de la narración y sirve para presentarnos a su protagonista. Un treintañero que vive en la casa de sus padres con su esposa y su mejor amigo alojado en la habitación de huéspedes. Un buen día dejó de trabajar para dedicarse a sus aspiraciones artísticas (aunque en realidad no tiene ninguna) y ocupa su tiempo en convertirse en politoxicómano mientras hace estupideces con su amigo, así como en imaginarse un amor romántico e imposible con su amante, que a su vez es una de las mejores amigas de su esposa.

Sinopsis atractiva como he dicho anteriormente, aunque esta positiva impresión se desvanece a las pocas páginas. Un estilo de escritura basado en divagar, en realizar círculos concéntricos con la intención de llenar páginas. Páginas y páginas de vaguedades y una trama inconsistente y que avanza a trompicones, solo consiguen provocar desconexión y hartazgo en el lector. Reconozco que en la página 70 estuve a punto de abandonar el libro pero continué hasta el final de las 377 vacuas páginas que lo componen esperando un cambio que no llega en ningún momento. Una lectura árida y una duración más que excesiva ante el escaso contenido que ofrece.

Personajes de escasa o ninguna profundidad psicológica, con comportamientos erráticos de los que se desconocen sus motivaciones. Ante ello, es imposible empatizar con ellos por lo que llega un momento en que al protagonista se le considera poco más que un adolescente malcriado y egoísta y bien poco importa lo que le pase. Pienso que la intención del escritor era provocar aunque lo cierto es que tan solo consigue aburrir.

Estridente y dulce es una novela decepcionante, tanto por el escaso empaque de la historia como por el estilo plomizo en la escritura de Adam Thirlwell. En la contraportada indican que esta novela es una gran travesura, no es cierto, es una absoluta pérdida de tiempo. 


Adam Thirlwell en la Wikipedia
Recomendación: 
Comprar libros por Sant Jordi, que lo tenemos a la vuelta de la semana.
Mientras escribía esta reseña escuché el fresquísimo nuevo single de Melenas; Ya no me importa Si tu me quieres, el agradablemente fresco Just Calm Down de los debutantes Yawners así com el catedralícia Butcher's Coin de Traitrs.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Will Self- Mi idea de la Diversión. Una crítica





Cuando estoy en casas ajenas siempre dedico una mirada a recorrer los libros a la vista. Como tenga un mínimo de confianza enseguida me pongo a dar la tabarra con ellos y pido una recomendación (por muy snob que uno sea, hay un mar de títulos y escritores que desconozco). Hace unos meses en casa de un familiar y ante la espléndida biblioteca que posee, estuver un buen rato deleitándome en su contemplación para terminar llevándome Mi idea de la diversión de Will Self. No tenía ninguna referencia sobre el libro pero palabras en su contraportada como divertidísima, malévola, comicidad feroz o humor muy negro me convencieron totalmente.



En una cena con sus amigos, tan burgueses como él, a Ian Wharton –triunfador ejecutivo treintañero- le preguntan sobre qué entiende por diversión. Ian, impertérrito, elude la cuestión y se pone a escuchar al resto de asistentes ya que no puede confesar en voz alta su perversa, depravada y enfermiza idea de la diversión. Tan repulsiva y cruel que su sola mención provocaría el desprecio de sus semejantes y, casi con total certeza, alguna denuncia que acabaría con sus huesos en una oscura mazmorra policial.
Pero Ian no fue siempre tan malévolo. Una vez fue un niño inocente. Tan inocente como retraído y solitario. Una madre siempre atareada y la ausencia de un padre fugado provocaron que Ian aceptara sin rechistar la presencia y guía de un tutor impuesto, el Sr. Broadhurst, un viejo amigo de la familia. Cuando a un muchacho joven e impresionable, autotorturado por poseer una prodigiosa capacidad eidética (habilidad comúnmente conocida como memoria fotográfica) le tutela un ser tan misterioso como descomunal, tan elegante como egoísta, tan excéntrico y excesivo como metódico, cualquier cosa puede enraizar en el cerebro del talentoso Ian, pudiendo convertir la brújula de sus enseñanzas en una peligrosa deriva que le lleve a despreciar totalmente a sus semejantes.



Y sí, yo también creo que la sinopsis promete y si además, le añadimos un sustrato de humor cáustico soterrado entonces las expectativas de lectura disfrutable se disparan exponencialmente. Pero no, y siento mucho pinchar el globo, en absoluto cumple lo prometido. El libro se divide en dos partes: la infancia-adolescencia de Ian y su edad adulta. En la primera, reflejo de la admiración del chico por su tutor y como su influencia va calando en él, tiene un estilo perezoso y tedioso plasmando la misma afición al pleonasmo en la escritura que el Sr. Broadhurst en su lenguaje y explicaciones. Párrafos con abundantes símiles y metáforas, un vocabulario barroco y rebuscado no consiguen más que cansar al lector, sobrevolando una permanente sensación de que la historia no lleva a ninguna parte. La segunda parte es un delirio constante, una incursión permanente en el absurdo, un absurdo tan excesivo como poco esclarecedor y, por tanto, innecesario. Las páginas transcurren en un insulso y disparatado limbo cotidiano, hasta que llega un momento en que el autor decide acabar la historia y, en unas pocas hojas, abre una puerta mágica que alumbra a Ian las claves de su comportamiento, provocándole una revelación, una aceptación que le permiten llegar tan pancho al final del libro. Con la salvedad de que esta revelación guarda poca coherencia con lo leído en las casi trescientas páginas anteriores.



Recargada tendencia al ornamento superfluo, escaso interés de la acción, historias paralelas insustanciales. El uso de estas expresiones dan una idea de la aridez de su lectura con el consiguiente desinterés hacia el devenir de Ian. Ante esto, por qué no dejé el libro? Primero por cabezota (mi inmensa fe en un giro prodigioso que no se producirá) y luego, porque reconozco que a partir de la página cien recurrí a la lectura en diagonal, hecho éste que me ayudó decididamente a llegar al final. Asumo que muy posiblemente sea culpa mía y no haya entendido absolutamente nada, ni mucho menos haya detectado las claves ocultas que deben poblar la narración para convertir la lectura en interesante y, ya no digamos, en cáustica, divertida y gratificante.



En este páramo creo que es necesario mencionar la ingente labor de traducción llevada a cabo por Cecilia Cerani y Txaro Santoro para trasladar el recargado universo de Will Self al castellano. Creo que no puedo destacar nada más salvo que acabó pareciéndome una total pérdida de tiempo. O siendo más elegante, digamos que la historia surgida de la imaginación del autor no tiene nada que ver con Mi idea de la diversión.


Will Self en la Wikipedia

Recomendación: 
Más que una recomendación, una orden: devolver siempre los libros prestados.

Mientras escribía esta reseña he escuchado el refrescante Watercourse de Sea Pinks, el decepcionante Everything now de Arcade Fire así como el contundente How did we get so dark de Royal Blood, sin dudar una de las mejores bandas de la actualidad.